Wednesday, July 18, 2012

Cuatro más

Letras guadalupanas desde la diáspora

(Texto introductorio de la plaqueta Cuatro más, por Robert Jara)

UNO

El referente literario más antiguo que tiene Guadalupe es Pablo Edmundo Céspedes Nureña (Guadalupe, 1876 − 1948). Esto convierte a Pablo Céspedes, por justica histórica, en el patriarca de la literatura guadalupana; aunque por cuestiones dialécticas es muy probable que exista alguien que lo precedió en el oficio pero que lamentablemente su obra no se conservó y/o publicó. La obra, después de todo es el único producto-evidencia del quehacer literario, y es lo que finalmente cuenta a la hora de hacer un balance literario, a la hora de reconstruir el proceso literario de un determinado espacio geográfico.

La nómina de escritores guadalupanos, hasta antes de Cuatro más, elaborada por mi persona, teniendo como único criterio de inclusión el haber escrito y publicado (en cualquier medio) consecuentemente (criterio débil), se reducía a sólo 14 autores.

Cuatro más es una plaqueta de poesía que (re)inserta dentro de la breve tradición literaria de Guadalupe a cuatro nuevos poetas que aunque nacieron y/o crecieron en Guadalupe, resulta que: 1) viven fuera de Guadalupe, por décadas; 2) sus edades superan los 48 años, individualmente; 3) están desconectados de Guadalupe, (casi) completamente; 4) en Guadalupe nadie sabe de su existencia literaria, salvo raras excepciones; 5) son parte activa de la movida literaria de sus respectivos lugares de residencia, 6) son poetas no advenedizos. Por (1, 2, 3, 4, 5, 6) los cuatro poetas incluidos en Cuatro más y por extensión sus obras, aunque no son nuevos para el lugar donde viven (o vivieron), sí lo son con seguridad para Guadalupe. En este sentido estricto, los cuatro poetas y sus obras son un hallazgo, un descubrimiento que llega a ampliar y a enriquecer la nomina de escritores y el corpus literario guadalupanos.

Cuatro más es el espacio textual donde se hilvana un coro polifónico, al margen de las conciencias y las voluntades involucradas, a partir de cuatro voces poéticas que cantan con tono propio y seguro (en y) desde la diáspora; un coro para el deleite de la tierra que los cuatro poetas dejaron hace décadas en busca de sueños.

Cuatro más reconfigura la breve tradición literaria de Guadalupe. La nomina de escritores de Guadalupe se actualiza –con los nuevos poetas que aparecen en negrita– y queda así:

01. Pablo Edmundo Céspedes Nureña (Guadalupe, 1876 – 1948 / 02. Manuel Banda Deza (Guadalupe, 1927 – 1985) / 03. Miguel Angelats Quiroz (Guadalupe, 1937 – 1998) 04. Antonio Escobar Mendívez (Jequetepeque, 1945) / 05. Carlos Antinori Ascoy (Guadalupe, 1947) / 06. José Lozano Silva (Pueblo Nuevo, 1948) / 07. Walter Hinstroza Castro (Guadalupe, 1952) / 08. Jorge Hidalgo Rosales (Lima, 1959) / 09. Sonia Paredes Soto (Guadalupe, 1963) / 10. Robert Jara Vélez (Guadalupe, 1969) / 11. Alexander Monsefú Mendoza (Guadalupe, 1972) / 12. Víctor Campos Cruzado (Guadalupe,1975) / 13. Lucio Ríos Barahona (Guadalupe,1975) / 14. David Mendoza Rodríguez (Guadalupe, 1975) / 15. Miguel Ángel Arbildo Ramírez (Chiclayo, 1976) / 16. Iván Ruiz León (Guadalupe, 1976) / 17. Josué Vallejos Vásquez (Guadalupe, 1977) / 18. Wilder Chilón Alvites (San Pablo, 1984)

Es importante notar que a pesar del carácter condescendiente, paternalista y democrático del criterio de inclusión, la nómina de escritores de Guadalupe es muy breve para casi un siglo de creación literaria, como breve también lo es el corpus literario. Pero, breves o no, es lo que le corresponde a Guadalupe por justicia literaria e histórica.

DOS

Miguel Angelats es un caso sui géneris, sin lugar a dudas, dentro de la breve tradición literaria de Guadalupe. Por conversaciones personales sostenidas con la mayoría de los escritores vivos de Guadalupe y de Trujillo descubrí con asombro que si bien muchos habían oído que Angelats era un poeta y un excelente orador, casi nadie lo había leído (ni oído), a excepción de los que lo conocieron en vida. Entonces, colegí que se le había concedido el título de poeta y orador por tradición, fe y gratitud, seguramente. Hasta hace un lustro yo había leído apenas el poema Huida de Angelats , el cual había sido publicado en la revista Runakay (1977, Nº 04); poema tomado, según nota aclaratoria de Runakay, de la revista Espigal (1959); poema que incluí en la plaqueta Poemalia (Ediciones Namul, 2007, pag. 18). Si este era el nivel de conocimiento que tenía sobre la obra poética de Angelats alguien comprometido con la literatura, huelga decir lo que sucedería con el nivel de conocimiento de las personas no comprometidas. Esto fundaría y ahondaría mi afán por conocer y difundir la obra de este poeta guadalupano. Y es en estos afanes que algunos escritores que conocieron a Angelats en persona me ofrecieron conseguir algunos datos biográficos, algunos poemas, algunos discursos del poeta guadalupano; pero apenas lograron confirmarme lo que ya había oído: era un buen poeta y un buen orador; así como también confirmarme que lo poco que Angelats había publicado en vida lo habría hecho en las páginas del diario Norte.

No fue, sino hasta hace un par de años, que pasando asistencia en un aula de la Universidad César Vallejo, me topé con el nombre Juan Angelats; fue imposible que el nombre de mi nuevo estudiante no me trajera a la memoria a Miguel Angelats y la deuda literaria que tengo con éste, por lo que ni bien terminé de pasar lista abordé a mi estudiante. Tras la pregunta de rigor −¿Conoces a Miguel Angelats?−, Juan me dijo que no sólo lo conocía, sino que Miguel Angelats era su tío; entonces le manifesté mi afán de conocer la vida y obra de su tío, y de inmediato me dijo que podría conectarme con su prima Helga Angelats , nada más ni nada menos, que hija de Miguel Angelats. Y así fue, como hace un par de meses, tras un diálogo extenso, aunque fragmentado y poco fluido a través de la Internet, Helga, yo y Juan, nos reunimos en persona. Hablamos largo y tendido, comiendo y bebiendo. En el fragor de la conversa Helga me confesó que algunos años atrás había recopilado (parte de) los poemas que su padre publicara en el diario Norte; pues se había propuesto publicar y difundir la obra de su padre, pero que motivos ajenos a su voluntad no se lo habían permitido. Tras convencerse –me lo confesó luego– de mis desinteresadas intenciones literarias, Helga finalmente dijo lo que yo había estado esperando por largo tiempo: Robert, el próximo sábado que voy a casa, te envío todos los poemas que he recopilado de mi padre. Helga, con el apoyo de su amigo Jorge Benites , se había tomado el trabajo de fotografiar, y luego tipear en digital, los poemas de Miguel Angelats publicados en el diario Norte . Salté en un pie, sin moverme de mi silla; se me iluminó el rostro: por fin leería otros poemas del poeta guadalupano, por fin tendría poemas (prácticamente) inéditos para publicar y difundir en Guadalupe (en particular) y en otros espacios geográficos.

TRES

Una de las preocupaciones que suelo manifestar en tertulias y/o sobremesas literarias (etílicas o no) a los escritores que frecuento en el mundo literario, es la falta de un estudio (crítico) serio de la realidad literaria de Guadalupe. Este vacío cognoscitivo casi garantiza que el corpus literario guadalupano esté conformado no sólo por obras de buena calidad, sino por toda obra escrita con buenas intenciones, aunque de literaria a veces sólo tenga el adjetivo. Y, por supuesto, un corpus literario producto de la arbitrariedad, trae por añadidura una nómina de escritores conformada incluso por autores que por justicia literaria e histórica deberían ser excluidos sin tapujos. Sin un estudio académico, el corpus literario y la nómina de escritores guadalupanos estarán condenados a existir plagados de obras y autores prescindibles.

El que la tradición literaria de Guadalupe sea breve (en realidad muy breve) no es motivo válido desde el punto de vista académico, aunque sí lo sea desde el punto de vista chovinista, para sumar al corpus literario cuanta obra se publique y a la nómina de escritores cuanto autor publique, en aras de (simplemente) engrosar la tradición. Es necesario, más bien, en aras de forjar una tradición proteica y saludable que resista al paso del tiempo, decantar el corpus, decantar la nómina, sometiéndolos al rigor de un estudio académico, (auto)imponiendo criterios de inclusión fuertes, insobornables, completamente alejados de los sentimentalismos.

Ricardo Ayllón, poeta y escritor chimbotano, conocedor de mi preocupación, hace un año atrás, me preguntó si yo conocía a Sonia Paredes Soto; luego, si yo conocía a Walter Hinostroza Castro; luego, si yo conocía a Jorge Hidalgo Rosales. Contesté cada pregunta con la misma letanía: no, para nada. Ricardo Ayllón, me replicó cada respuesta con la misma expresión provocadora: es poeta… y es de Guadalupe. Es así como estos tres nuevos poetas guadalupanos hicieron su entrada en mi imaginario, en mi discurso. En ese preciso instante dejé de hacer lo que estaba haciendo y emocionado, conocedor del valor que tenía este hallazgo, empecé mi investigación. Y pude corroborar que Sonia Paredes, Jorge Hidalgo y Walter Hinostroza realmente habían nacido y/o credido en Guadalupe… Me parece incrible que tres nuevos poetas no advenedizos, que no existían en mi imaginario hasta que me los mencionó Ricardo Ayllón, de pronto adquirieran categoría de realidad. Y más, cuando ubiqué varios poemas de Sonia Paredes en la Internet. Y más, cuando llegaron a mis manos los poemarios de Jorge Hidalgo y de Walter Hinostroza, enviados por Ricardo Ayllón. Y más aún cuando los propios poetas me facilitaron sus textos inéditos, con emoción y desprendimiento, una vez enterados de mi proyecto: pude sentir el olor de la nostalgia añeja en sus palabras, por teléfono.

¿Y dónde habían estado Sonia Paredes, Jorge Hidalgo y Walter Hinostroza, que siendo (poetas) guadalupanos, jamás había oído de ellos?: En la Provincia del Santa (Chimbote), ahí había vivido por unos años Jorge Hidalgo, para luego asentarse definitivamente en Lima, donde actualmente reside. En la Provincia del Santa (Chimbote), ahí había vivido y ahí aún viven Sonia Paredes. En la Provincia del Santa (Coishco), ahí había vivido y aún vive Walter Hinostroza. La Provincia del Santa, resultó ser el nexo geográfico; de ahí la familiaridad de Ricardo Ayllón con los tres nuevos poetas guadalupanos; y más claro el nexo aún, si tenemos en cuenta que Ricardo Ayllón es un estudioso apasionado de la literatura de la Provincia del Santa y funge, además, como editor literario.

Todo hallazgo merece ser publicado. Y más éste, en particular, por tratarse de un hallazgo que no sólo (re)inserta de un porrazo tres nuevos poetas y sus obras a la breve tradición literaria de Guadalupe, sino porque además sus obras, para beneplácito de Guadalupe, gozan de buena salud literaria. Cuatro más, en este sentido, surge como el espacio textual por antonomasia.

De los tres poetas crecidos en Chimbote, Sonia Paredes representa un caso sui géneris, por una razón que rayaría en la anecdota: es la primera poeta de la historia literaria de Guadalupe. Este hecho posiblemente anecdótico cobra certera trascendencia porque siendo Sonia Paredes la primera poeta de Guadalupe –es decir, no habiendo tenido antecesoras locales de quien nutrirse–, es dueña una poesía madura, relajada y libre de ataduras morales. Por cierto, no es casualidad que la primera poeta de Guadalupe sea una mujer que se hizo mujer y poeta en la gran urbe. Y es muy probable que si no hubiera salido de Guadalupe, su poesía, en el peor de los casos, no hubiera florecido; y en el mejor, no hubiera logrado el registro que hoy tiene.

La literatura (y los literatos) padece(n) determinismo geográfico: la popularidad y/o fama de un autor y su obra, en general, decrecen a medida que uno se aleja del lugar donde el autor vive; o en forma inversa: la popularidad y/o fama de un autor y su obra, en general, crecen a medida que uno se acerca al lugar donde el autor vive. Esto en gran medida es así porque el autor se preocupa con mayor ahinco que su obra se conozca (al menos) dentro del espacio (geográfico y/o cultural) en el cual se asienta, en el cual transcurre su vida cotidiana. En otras palabras, el espacio residencial del autor se convierte de forma natural (aunque temporal, a veces) en su espacio literario. Esto explica porqué Sonia Paredes, Jorge Rosales y Water Hinostroza, quienes hicieron de La Provincia del Santa su hogar, hayan (o les hayan) dinfundido su obra mayormente en dicho espacio sin sentir (necesariamente) la necesidad (casi existencial) de que sus obras se conocieran en Guadalupe. La Provincia del Santa, actúa como el espacio geográfico común donde, por encargo del destino, se forjaron y maduraron tres poetas que de pronto hoy rapto, retrotraigo y reincorporo a la escena cultural guadalupana.

CUATRO

Sonia Paredes llega a Guadalupe con su voz madura, sencilla y veloz, rezumando un erotismo blanco, cantándole al (de)samor desde su piel de mujer (auto)liberada. Jorge Hidalgo llega, con su voz contundente y estilizada, cabalgando sobre versos largos, haciendo piruetas con la ciencia y la palabra. Walter Hinostroza llega, con su voz llana, sin pretensiones formales, (re)cargado de protesta social, de mar y de brisa, henchido de amor terrígeno. Miguel Angelats llega, con su voz segura, intacta y humilde que no es sino la voz del caído, que no es sino la voz del corazón fraterno, que no es sino la voz del hombre lanzada al infinito.

Aquí cuatro nuevas voces poéticas y proteicas (retro)traídas desde la diáspora con la firme esperanza de que no sólo amplíen, sino que, sobre todo, eleven el nivel literario de la breve tradición literaria de Guadalupe, y la enriquezcan. Cuatro más, cuatro más por si acaso.

Friday, June 01, 2012

Slogans de GUADALUPE DESPIERTA

(Slogan utilizados en la campaña pro la paz y la vida GUADALUPE DESPIERTA, realizada en la ciudad de Guadalupe, Perú, el 26 de mayo de 2012)

¡GUADALUPE DESPIERTA! Campaña pro la paz y la vida. Campaña pro un Guadalupe tranquilo y seguro. Campaña contra la indolencia.

Wara no ha muerto, Wara ha salido a traernos la paz de regreso.

Que la muerte prematura, inocente y absurda de Wara nos saque de nuestra cómoda silla de espectadores

Que la muerte prematura, inocente y absurda de Wara nos libere del conformismo.

Que la muerte prematura, inocente y absurda de Wara no sea una simple estadística; que sea semilla, fruto, luz.

Que la muerte de Wara sea la flor blanca que todos llevemos en el pecho.

Si oyes en la radio que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves en la tele que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si lees en el periódico que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves la Internet que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves a tu paisano que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves a tu hijo que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves a tu hermano que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.

Si ves a tu madre que sufre y no te conmueves, sufres indolencia...

Si el dolor ajeno no te conmueve, sufres indolencia, eres, sin duda, un palo, una piedra.

Si el dolor ajeno todavía te conmueve, aunque sea de vez en cuando, aún hay esperanza.

La paz se construye con paz, así de simple.

La paz no llega; se busca, se construye.

La paz trasciende los credos políticos, religiosos, etc., de los hombres

La paz se va cuando la delincuencia llega.

Guadalupe, aquí no hay más política que construir la paz.

Guadalupe, aquí no hay más religión que profesar la paz.

Guadalupe, aquí no hay más empresa que administrar la paz.

Guadalupe, aquí no hay más negocio que ganar la paz.

Guadalupe, aquí no hay excusa para no anhelar la paz.

Guadalupe, aquí no se busca más voto que un voto por la paz y la vida

Guadalupe, no dejes que la paz se vaya; dile, por favor, que se quede.

Guadalupe tienes que volver a ser un pueblo tranquilo y seguro.

Guadalupe, a una sola voz, dile NO a la delincuencia

Un minuto con paz es mejor que una hora con violencia

No a la indolencia, no a la delincuencia, no a la inacción; sí a la paz, sí a la vida, sí a la acción

No decirle no a la delincuencia es decirle no a la paz y la vida

La paz comienza con el rechazo a la delincuencia.

Puede haber un gran silencio, pero no paz.

La paz no se construye con silencios forzados

La paz no se construye con abrazos diplomáticos

La paz no es paz si es una paz tensa.

La paz volverá sólo si Guadalupe entero la llama

La paz es un derecho que la violencia nos usurpa.


La paz que se logra con violencia pronto se esfuma

Saturday, May 05, 2012

GUADALUPE DESPIERTA


MARCHA Y CONCIERTO POR LA  PAZ Y LA VIDA

SABADO 26 DE MAYO DE 2012 :  MARCHA      :  9AM  /  CONCIERTO: 4PM
Campaña pro la paz y la vida. Campaña pro un Guadalupe tranquilo y seguro. Campaña contra la indolencia. 

Tu muerte inocente y absurda, Wara, será semilla, será fruto, será luz...

Tu muerte inocente y absurda, Wara, será la flor blanca que llevaremos en el pecho.

RAZONES PARA QUE LA MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE GUADALUPE LIDERE LA CAMPAÑA

1. Es la autoridad elegida democráticamente por el pueblo
2. Es la llamada a liderar esta campaña social
3. Seria HERMOSO ver a la MDG liderando esta campaña social
4. La MDG cuenta con mejores condiciones logísticas y financieras.
5. No le estoy imponiendo una agenda, le estoy extendiendo una invitación (Yo, como ciudadano común y corriente, jamás me atrevería hacerlo)

A LOS LIDERES DE GUADALUPE

!Se hace un llamado público a los líderes de los partidos políticos!
(que aquí no hay más política que alcanzar la paz)

!Se hace un llamado público a los líderes de las escuelas, colegios, institutos, universidades!
 (que aquí haremos clase para alcanzar la paz)

!Se hace un llamado público a los líderes de las instituciones religiosas
(que aquí no hay más religión que profesar la paz)

!Se hace un llamado público a los líderes de las empresas!
(que aquí no hay más empresa que administrar la paz)
….
!Se hace un llamado público a tu corazón!
(que aquí el corazón cuenta de verdad)

A  LOS ICONOS GUADALUPANOS

Se invita de manera muy especial, a los tres íconos guadalupanos más populares del Perú, a sumarse a esta cruzada por la paz y la vida.

Súmate:

CARIBEñOS DE GUADALUPE

Súmate:

MARINA MORA

Súmate:

PEDRO ASCOY

Hagamos una sola voz, hagamos que la muerte de Wara deje de ser absurda; hagamos que nuestro Guadalupe vuelva a ser tranquilo y seguro.

CUIDADO: LA INDOLENCIA  ES ALTAMENTE PELIGROSA

Si oyes en la radio que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
Si ves en la tele que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
Si lees en el periódico que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
...
Si ves la Internet que alguien sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
...
Si ves a tu paisano que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
....
Si ves a tu hijo que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
Si ves a tu hermano que sufre y no te conmueves, sufres indolencia.
Si ves a tu madre que sufre y no te conmueves, sufres indolencia...
...
Si el dolor ajeno no te conmueve, sufres indolencia, eres, sin duda, un palo, una piedra.

Si el dolor ajeno todavía te conmueve, aunque sea de vez en cuando, hay esperanza. Aún es posible que vuelvas a ser humano y HAGAS ALGO por aplacar aquel dolor. 

NO A LOS CREDOS RELIGIOSOS

No a la indolencia
No a los credos religiosos
No a los partidarismos políticos
No a los intereses personales...

Sí a la empatía
Sí a la paz
Sí a la vida
Sí a un Guadalupe tranquilo y seguro...
  

Sunday, April 15, 2012

NOSTALGIA DE BARRO por Alíndor Terán

Robert Jara hace poco tiempo ha publicado un libro de poesía: Nostalgia de barro, poemario en el que poetiza un universo articulado a través de dualidades que atañen tanto a aspectos individuales o familiares (mundo de la niñez – mundo de la adultez) como sociales (blanco – indio; español – mestizo). Búsquedas que al final se constituyen en fuentes para interpretar la idiosincrasia de los habitantes de su ciudad natal: Guadalupe.

El mensaje poético de Nostalgia de barros se clarifica conforme sea avanza en la lectura de los poemas, la misma que nos permite, en un primer momento, entender el presente de nuestros pueblos; para luego, sin prescindir del pasado, y más bien hurgando en él, encontrar los elementos necesarios para construir un sólido futuro. En este accionar la individualidad del poeta desempeña un rol trascendental porque Robert ha entendido que el individuo como tal pasa desapercibido, que su aislamiento no es válido para una vida digna, que su presencia cobra importancia cuando interactúa con otros individuos; por lo tanto la relación del individuo con el entorno social del cual ha surgido tiene que ser estrecha, fuerte.

La propuesta que aflora a través de la lectura de los poemas es: Desarrollo, pero sin rupturas del pasado; lograr y disfrutar de la modernidad pero sin renegar del legado de nuestros ancestros aborígenes y de nuestras tradiciones populares.

Jara asume la poesía como una búsqueda de nuestros orígenes, de nuestras raíces, y lo hace con conocimiento e inteligencia, logrando, en palabras de Van Dijk, que la “inventio” y la “dispositio” alcancen coherencia.



Los tres libros independientes que dan forma a Nostalgia de barrro presentan sólida cohesión en la que no hay lugar para desequilibrios ni disonancias y donde, a través de una armonización formal, el legado aborigen, la tradición oral, la modernidad o postmodernidad, se fusionan con eficacia, de tal modo que las diversas interpretaciones que pueda propiciar su lectura no son excluyentes, sino que por el contrario algunas de ellas podrían complementarse

Muchos de los versos de Nostalgia de barro son reiterativos e inciden en resaltar la laboriosidad de la gente del lugar natal del poeta; también resaltan algunos elementos de la naturaleza: (viento, sol, luna), a la campiña, a la flora (enea, caña, cogollitos, sauces, juncos, esteros, etc.); a la fauna (gallos, perros, zancudos, sapos, muymuyes, gallinazos, etc.). En lo que se refiere a las personas, el mensaje poético de Jara enaltece al mestizo, al cholo, al hombre nuevo, a las nuevas familias y se centra en los abuelos y en los nietos.

Por la temática abordada, por las reflexiones sobre el pasado y el devenir de los pueblos, por la seguridad del autor en el manejo del lenguaje poético, Nostalgia de barro es un excelente libro de poesía, que enriquece nuestra tradición poética.



Pacasmayo, abril de 2012

____________________________
Alíndor  Elías Terán  Olascoaga (Pacasmayo, 1944)
Crítico literario
Docente Principal del IESP “David Sánchez Infante” de San Pedro de LLoc.

Thursday, March 15, 2012

NOSTALGIA DE BARRO por Saniel Lozano

1

De nuestros ancestros, tanto biológicos como étnicos y culturales, nos viene el impuso de amar entrañablemente a la tierra donde aspiramos el primer hálito vital; donde fuimos acogidos y modelados desde los albores de nuestra niñez; o, en fin, donde fuimos acogidos generosamente.

Este impulso emotivo, afectivo y espiritual es el contenido denso que unas veces duerme apacible en los recónditos repliegues del alma. Agua transparente de los remansos; y otras veces corre impetuoso como río desbocado por las venas y pulsaciones intensas de nuestros recuerdos y sentimientos. Entonces, leyendo “Nostalgia de barro” nos encontramos con un escenario en el que entre los meandros de callejas, polvo y guijarros, barro acumulado de tiempo y de vida, historia y anhelos, ancestros y raíces, se configura el universo local en el que moran para siempre jirones de la niñez y juventud, junto al perfil y las siluetas de los mayores, que unas veces aparecen nítidos y definidos; y otras, solo son sombras borrosas y desvaídas, con esa sensación que recogió e impresionó tanto al guatemalteco Miguel Ángel Asturias para su impactante y desconcertante novela “El alhajadito”.

En ese universo de gentes, animales y plantas; quehaceres y afanes cotidianos; creencias, costumbres, ritos y también travesuras de los niños, viven los recuerdos que cada día se llenan de espesor y nostalgia, a la espera del impulso vital que los recupera del olvido y los traiga de nuevo a la vida; porque el verso o la poesía no son juegos virtuosos de palabras, o simple rapto de inspiración, sino fuerza creadora que da forma a las experiencias, sentimientos, memoria, actos, obras y procesos, de manera que por la virtud de la palabra, el poeta resucita o reencarna a quienes se fueron pero que, en realidad, siguen presentes en el mundo recreado, que no cancela ni sepulta el pasado; no lo olvida ni desaparece para siempre, sino que proyecta sobre él la fuerza anímica latente. Seguramente como lo sintió Bécquer, el formidable romántico español:

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! –pensé- ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda!”

Este es el referente geográfico, humano, social y culturaldel que parte Robert Jara Vélez, auténtico poeta de pueblo, formado del polvo que un día se hizo barro lleno de vida en el universo local de Guadalupe, en la provincia de Pacasmayo y, por tanto, costeño y norteño neto, no de urbe o metrópoli, sino de sustrato popular y que, sin embargo, exhibe las más altas excelencias académicas por su formación en el Área de Ciencias Físicas y Matemáticas, y que desde hace tiempo deviene en poeta.

Trajinador de terrenos aparentemente conflictivos y opuestos por el necesario apego a las magnitudes exactas y precisas, por un lado; y por otro, creador de ficciones y metáforas. Dicho con otras palabras, feliz conjuncionador de la razón y el sentimiento, realizando un enlace o matrimonio imposible, digo, es un decir, para decirlo con palabras vallejianas, debe ser cierto que en las dimensiones trascendentes del universo las ciencias exactas se resuelven en un mundo de armonía y plenitud, en cuyo conjunto la poesía no es algo secundario y marginal sino componente vital. Por eso seguramente el filósofo inglés Aldous Huxley habrá de sostener certeramente que entre el hombre de ciencia y el literato no tiene por qué haber separación ni antagonismo, sino que ambos se unimisman en un solo crisol.

2

Todas estas reflexiones nos suscita la lectura del bello libro “Nostalgia de barro” de Robert Jara, cuyos textos discurren en aroma de niñez, pueblo, norte y ancestros, y cuyo conjunto poético está organizado en tres partes, cada una de las cuales tiene, a su vez, su propia autonomía, pero que en conjunto se enlazan por un entramado de asociaciones y evocaciones con léxico coloquial, cotidiano, local y lugareño que, sin embargo, no se agota en las fronteras parroquiales o aldeanas; al contrario, por su arte creador, la comarca natal del poeta se expande, crece y desborda.

3

“Cantata al silencio”, la primera parte, desarrolla una estampa descriptiva del pueblo apacible en cuyo entorno se dibuja el valle fecundo de los arrozales y el suave rumor del mar vecino, así como la silueta delos cerros Azul y Namul.

Pueblito
polvorientas callecitas
sombreritos de enea
sombreando
hileras de adobes
de caña y
de barro

La atmósfera en que discurren los poemas es densa e intensa. En el conjunto se reaniman lo vestigios de la cultura nativa. Además, el poeta ve el mundo a partir de la perspectiva de su niñez en cuanto soplo, vivencia y remembranza, que se agita también ante anuncios y presagios de acoso, ataque, represiones y ataques, por lo que, entonces, la estampa lírica es atravesada por una persistente inquietud social resultado de la presión de los tiempos de la hacienda:

Se estremece el silencio…
tartamudean los fusiles
enjambre de balas
y se desploma brutal
el monolítico tronco
(el silencio no suda ni tiembla)
y se subleva
el martillo sobre el clavo
el clavo sobre el cuero
la historia sobre el olvido

En la segunda parte, “Abuelos de mis abuelos”, el peso ancestral es mayor, pues no se limita al reconocimiento del origen inmediato, sino que hunde sus raíces en las fuentes raigales más recónditas, que son evocados como reconocimiento a la vertiente que otorga sentido a nuestro mestizaje, en cuyo proceso se erige dominante la figura del cholo peruano norteño y costeño

Abuelo
ocucaje de faldas
labios de espuma
orejas tambores
panza pispada
con talones rajados
con sudores y fríos
con dedos de horquetas

Además, la fuerza telúrica se consolida con la exaltación y reconocimiento de los frutos de la tierra; es decir, la flora y la fauna típicas de la zona:

El fogón arrea bestias
trae ronquidos
tus sueños desfilan
entre mameyes
entre sauces y huesos venideros

Esta sección rebosa de añoranza ancestral simbolizada en el abuelo, la figura patriarcal paradigmática y representativa del modo de ser de la vida de la comarca, y cuya figura se enlaza y proyecta al presente y al futuro de la niñez, por lo que la estampa humana se carga de ternura y añoranza:

Cuentan
que los ríos nacen
al pie
del llanto de los niños
abuelo
y que son ojitos
que han llorado mucho los desiertos

4

Así llegamos, por fin, a la sección que otorga el título al poemario: “Nostalgia de barro”. Aquí, la evocación del pueblo, la comarca y la tierra natal se revela como un sentimiento de recuperación y remembranza que modela una comunidad que revive y que contiene el espíritu de los ancestros nativos, los mismos que no han desaparecido, sino que se reencarnan y proyectan en los hijos del presente; por eso se explica y comprende la fuerza telúrica y raigal que recorren todos los versos y poemas del conjunto.

Quédate
y escribamos nuestra edad en el camino
porfa’
no te vayas
¿con quién cashcaré cañas en la rabia de la sombra?
¿No recuerdas?
macollamos juntos
con los mismos ojos sorprendidos
¿Con quién haré cuevitas pa’ esconderme
de la guerra
y ollitas de barro
pa’ rejuntar el aguacero?

5

Pero la construcción del mundo poético que emprende Robert Jara no es una copia o retrato del universo local, pues a costa de evocarlo, ese universo resulta reconstruido como una nueva categoría dotada de un halo idealista y mítico, pues el poeta, por más que quiera, no puede resolver los hilos de la nostalgia en un documento o retrato exacto de su pueblo, sino que construye un nuevo universo que se nutre de aquel, pero que adquiere su propio ser, esencia y estructura. Digamos, que la aldea, la comarca o la provincia, a costa de ser evocadas, se resuelven en una nueva Arcadia, o patria feliz, que el poeta se esmera en recuperar. Por eso, junto a los recursos lingüísticos empleados, un eje rítmico y ancestral pueblan los poemas al son de zampoñas, antaras y pinkullos:

El grano revienta. Poncho verde silba zampoñas, silba. Un sudor se obesa, el jolgorio se preña. Dientecitos de leche. Hum, humitas, cantan barrigas al sol, al sol, amarillear, amarillito, diente de oro, olorcito a tamal.

Entonces, la impresión general es la integración de un solo universo en el que el ande y la costa son las fuerzas motrices que el poeta anhela ver resueltas en un conjunto peruano acrisolado, bullente y pródigo. Por eso, aunque el texto parta de sentimientos líricos, pronto se plasma en un universo de canto y elogio del universo local y el poemario resulta traspasado por resonancias épicas y legendarias. Por eso también la perspectiva de construcción no se agota en la visión personal del autor, sino que pronto combina con la opción de la tercera y segunda persona gramaticales

6

El lenguaje poético que recorre los ejes del sistema lingüístico adquiere sus propias características: el primero, el eje sintagmático, se plasma en una sintaxis suelta, de versos continuos y concatenados que frecuentemente truncan su construcción lógica, como si quedaran inconclusos y como si rápidamente cambiaran o variaran de planos. La impresión general entonces es la del empleo de una sintaxis quebrada, inconclusa y trunca. Además, los versos no se suceden en una escritura lineal y sucesiva, sino que también se plantan y sostienen en un plano visual, pues el poeta construye una poesía que para ser percibida y sentida, no basta con ser leída, sino que debe ser también observada y contemplada por el fuerte impacto de la dimensión espacial gráfica, espacial y visual:

la historia coja
h
ú
n
d
e
s
e
en la sangre
y la sangre
se adormece
echa a un lado
la lengua
la cabeza

En el plano paradigmático el autor opta por un léxico local, popular, traspasado de giros coloquiales, dialectales, hogareños, familiares y aldeanos. Por eso el autor no nos ofrece la visión de una poesía ilustrada, refinada o culta. No es su propósito ascender al nivel del léxico refinado o puramente artístico, pues si el tema tiene que ver con lo raigal y popular, el lenguaje no puede seguir un rumbo de nivel culto por la propia palabra o frase; al contrario, tiene que responder también al modo de ser o, en este caso, de hablar de la gente del pueblo. Este manejo lingüístico llega a niveles muy altos en la tercera parte, que es como una orquestación y elevación poética del léxico popular y cotidiano:

Semán es un gallo
con chucaques pensativos como el agua

Sudor que baila tondero
bramido memorioso de la pampa
fiesta de pies descalzos en el surco
sombra de palomas
silencio de algarrobo

Semán / sudor de adobes /te debo un toro

Por eso mismo, tratándose de una lírica de proyecciones épicas, el estilo no se queda en el plano expositivo y afectivo, nominal y adjetivo, sino que frecuentemente se dota de dimensiones secuenciales y verbales, próximas al eje narrativo.

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En resumen, Guadalupe, la Arcadia feliz y su entorno, como la estancia de Semán o los cerros Azul y Namul, no se agotan en su recreación local, sino que se erigen en elementos de una poética simbólica y representativa de cualquier pueblo, especialmente de la costa peruana. De esta manera, Robert Jara Vélez nos invita a introducirnos en el paisaje raigal de su tierra y de sus ancestros, a la que nos guía con la destreza de su lírica poética y musical sustentada en componentes legendarios. Añoranza de la comarca, sin duda, pero también elogio y admiración de su pasado; con su poemario, Robert nos conduce a su comarca, a recorrer afanosos los parajes de arenales y sus campos fecundos y pródigos, donde se ha quedado arrullada su niñez, hundida en el regazo de sus ancestros familiares y poblanos. Sólo que, después de recorrer con él su pueblo y su provincia, no nos quedamos ni nos deja allí abandonados, sumergidos en el pasado, sino que él actualiza y universaliza sus raíces, sus pasos, sus huellas y las de sus mayores y antepasados. Como aconteció con la poesía indigenista (pensamos en Luis Nieto, Alejandro Peralta, Mario Florián), estamos ante una versión moderna de una poesía nativista o neonativista de espacio y ambiente costeño y norteño. Poesía aldeana y parroquial dirán algunos; pero no: el tema, es verdad, se conecta con el pasado; la memoria lo actualiza y el verso se nutre de presente y de futuro. Robert Jara Vélez se mantiene leal a una rica raigambre de resonancias culturales nacionales y proyecta su comunidad a una consideración general en el conjunto cultural del país.

Trujillo, 09 de febrero del 2012
Auditorio de la Beneficencia Pública

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Saniel E. Lozano Alvarado (Salpo, La Libertad)
Dr. en Educación (UNT)
Escritor, Investigador, Crítico Literario
Catedrático de la UPAO
Director de Pueblo Continente, revista oficial de la UPAO

Saturday, February 25, 2012

NOSTALGIA DE BARRO por Carlota Yauri

Hace pocos días tuve la suerte de recibir en mis manos el más reciente poemario del poeta Robert Jara, titulado Nostalgia de barro.

Apenas lo abrí sentí que se trataba de una lírica diferente. El secreto para saborear su poesía y sentir el ritmo de los versos que componen su libro es leerlo en voz alta y no en silencio como acostumbramos a hacer. Esta sensación me llevó a pensar: La lectura es en verdad una aventura que despierta a todos los sentidos.

La parte titulada “Nostalgia de barro” es el poemario que le da el título al libro, el cual está compuesto además por otras dos partes: “Cantata al silencio” y “Los abuelos de mis abuelos”. En “Cantata al silencio”, Robert Jara se inunda de una musicalidad tan llena de dulzura que al principio da la impresión que se tratara de una rima juguetona para niños: “pueblito/ polvorientas callecitas/ sombreritos de enea/ sombreando/ hileras de adobes/ de caña/ y de barro”. Este ingrediente (la dulzura), se encarga de llevar el compás de todo el poema desde el principio hasta el fin. Poema en el cual presenta a su terruño natal, en donde vivió su infancia. A la vez, a su pueblo lo convierte en su segunda madre: “me peinabas/ pueblito/ igualito que mamá”.

El hombre, es un animal de costumbres y todos amamos el hábitat en el que hemos nacido, pues ahí no solo encontramos consuelo, paz, cobijo sino que también sentimos que es nuestro territorio y esa sensación fortalece y engrandece a nuestro espíritu, lo cual es de vital importancia para el ser humano. ¿Quién en el mundo no ama a su suelo natal?

En “Los abuelos de mis abuelos”, el autor escribe cargado de brío para homenajear a nuestra identidad nacional, al abanico de razas que conforma nuestra patria; y hace alusión a la obra de José María Arguedas: “urjo/ que tu oreja sea chacra / de viejos caracoles/ y pronto relinche/ por todas las sangres/ cholo soy/ son mis venas ríos profundos/ de aguas anchas y plurales”. Más adelante, le pide prestado a Julio Ramón Ribeyro su palabra del mudo para pedirles a todos aquellos que viven en silencio que se decidan a hablar: “ven hermano/ húndete en mi pellejo/ tu pellejo al fin/ y no sufra más la palabra del mudo”.

Por último, la parte final, titulada “Nostalgia de barro” es una evocación a la mejor etapa de la vida de todo ser humano, la infancia. Sus versos representan al hogar paterno a través de imágenes grabadas en su memoria y en la memoria de su hogar: “abuela escoge el trigo/ o juega con sus trenzas/ o rumia ronquidos/ tanteando y saboreando ayeres en su boca desgastada”. Escucha la voz de su madre mezclada a su voz de niño: “ve hijito, anda, juega/ no, mami, no quiero”.

Por eso, Nostalgia de barro es un poemario cargado de imágenes, sonidos y un ritmo fuerte y acompasado desde el principio hasta el fin. Leerlo ha sido en verdad una gratificante experiencia.

Lima, febrero de 2012

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Carlota Yauri
Escritora de literatura infantil
Ganadora del Primer Concurso Nacional de Cuento para Niños (2005)

Thursday, January 12, 2012

Revocatoria y responsabilidad...

Últimamente se ha puesto de moda en el Perú el revocar a una autoridad democráticamente elegida. Y una de las cosas que más me ha llamado la atención es la facilidad con que se recurre a este mecanismo; la facilidad con que a una autoridad elegida hace apenas un año, se la quiera fuera del cargo con tanto ahínco. Esto me ha motivado a analizar este mecanismo legal de control que tiene el pueblo para remover una autoridad elegida democráticamente, fijando mi atención en los requisitos legales necesarios para que este mecanismo se active, se eche andar; y teniendo en cuenta el grado de responsabilidad y/o irresponsabilidad que recae sobre los diferentes actores sociales que intervienen en el proceso.

Aquí una mirada crítica y rápida a los requisitos necesarios para que la revocatoria de una autoridad tenga lugar:


1. Compra del kit electoral (el promotor)

Fácil de conseguir. Cualquier ciudadano puede hacerlo, con su dinero o con dinero ajeno; por iniciativa propia, o por encargo de terceros; a la ONPE le importa un bledo quién promueva la revocatoria. Este requisito resulta ser, en suma, una simple transacción financiera.

2. Recolección del 25% de firmas de electores hábiles (el promotor)
Fácil de conseguir. Si una autoridad motivo de revocatoria ganó las elecciones, por ejemplo, con un 51% de los votos, existe en teoría un 49% de los votos, a favor de su revocatoria; es decir, esta autoridad resulta revocable por defecto; pues el porcentaje de votos potenciales a favor de su revocatoria (49%) resulta mucho mayor al exigido (25%). Incluso, una autoridad que fue elegida democráticamente con un alto respaldo popular, por ejemplo con un 70% de los votos, también resulta revocable por defecto; pues el porcentaje de potenciales votos a favor de su revocatoria (30%) resulta aún mayor que el exigido (25%). Por tanto, conseguir el 25% de firmas para revocar a una autoridad resulta ser un proceso meramente operativo, y en teoría, siempre alcanzable, puesto que casi nadie gana las elecciones con porcentajes tan elevados. Como vemos este requisito a primera vista tan difícil de lograr, realmente no lo es. Este requisito no resiste el más mínimo análisis aritmético. Este requisito ni siquiera resulta lógico, resulta completamente advenedizo.
El promotor (y asociados; léase, interesados primarios en revocar a una autoridad, pero que a veces no dan la cara) y un buen presupuesto, en teoría, bastan para lograr este requisito.


3. Verificación de autenticidad de las firmas recolectadas (la ONPE)

Fácil de conseguir. Proceso meramente formal, mecánico. Es sólo cuestión de tiempo.


4. Solicitud de revocatoria (el promotor)

Fácil de conseguir. En la solicitud de revocatoria se fundamenta el porqué de la revocatoria de una autoridad; pero no se exigen las evidencias que sustenten dicho fundamento. Es decir, el fundamento que se esgrime para pedir la revocatoria de una autoridad no es motivo de investigación por parte de la ONPE; no importa si es real o inventado; no importa si nace de la razón o del hígado o del despecho; no importa si es de interés personal o colectivo. Para la ONPE es irrelevante la razón por la que alguien promueve la revocatoria de una autoridad. En todo caso, ¿para qué exigen que se fundamente la revocatoria si esta no se toma en cuenta? El fundamento, y por ende el requisito en sí, resulta ser un formalismo retórico.


5. Verificación de cumplimiento de los requisitos anteriores (la ONPE)

Fácil de conseguir; proceso meramente formal, mecánico.

6. Convocatoria a consulta popular (JNE)
Fácil de conseguir; proceso meramente formal, mecánico.

De este breve análisis podemos concluir que es fácil mover a una autoridad desde el legítimo cargo político, obtenido democráticamente en las urnas, hasta instalarlo en una advenediza consulta popular. Entre el legítimo cargo político y la advenediza consulta popular, median apenas 6 requisitos de exigencia cuestionable, median apenas 6 requisitos que cualquier ciudadano podría alcanzar, median apenas 6 requisitos de carácter endeble. Llevar a un candidato a ser autoridad es un proceso democrático, largo, costoso, en el que participan el estado, las agrupaciones políticas, los medios de comunicación, las agencia de marketing, la población en general; entonces, ¿cómo es posible que una autoridad elegida mediante un proceso de tal magnitud de involucramiento económico y de actores sociales sea revocada por un promotor y apenas 6 requisitos de dudosa exigencia? En este sentido la revocatoria resulta injusta, asimétrica, resulta un despropósito.

El carácter endeble de los requisitos para revocar a una autoridad hacen de la revocatoria un mecanismo advenedizo, un mecanismo ideal que se fragua casi siempre desde el despecho, desde la hiel, desde el hígado, desde el revanchismo, desde el oportunismo. ¿Es acaso casualidad que los más entusiastas con la revocatoria sean aquellos candidatos que no ganaron en las urnas? ¿Es acaso casualidad que los más entusiastas con la revocatoria sean aquellos electores cuyos candidatos no ganaron en las urnas? ¿Es caso casualidad que los más entusiastas con la revocatoria sean aquellas personas que tienen algún tipo de problema personal con la autoridad en función? ¿Es caso casualidad que los más entusiastas con la revocatoria sean aquellas personas que piensan ser candidatos en una campaña próxima? No es casualidad; lo que sucede es que los candidatos perdedores y los electores cuyos candidatos perdieron en las urnas son unos irresponsables; pues no asumen (no aceptan) las consecuencias (resultados) de un proceso democrático en el cual participaron libremente y en acuerdo pleno; lo que sucede es que hay personas irresponsables que utilizan este mecanismo legal sólo como un achaque para saldar alguna deuda de índole personal, o para consumar alguna de sus más bajas pasiones: antipatías, odios, revanchismo…; lo que sucede es que hay candidatos irresponsables que utilizan la revocatoria como campaña política con miras a unas elecciones que aún no comienzan. La democracia se robustecería enormemente si los que perdieron en las urnas, tanto candidatos como electores, no se dedicaran a promover la revocatoria de una autoridad. Pues resulta imposible creerles, aunque fuera cierto, que lo hacen por amor a su pueblo; la sombra del despecho y/o del hígado, nada ni nadie podrá quitárselo. ¿Acaso ignoran estos actores sociales que aceptar los resultados adversos obtenidos en las urnas es también inherente de la democracia? No sólo es inherente a la democracia el participar en las elecciones, sino también el aceptar los resultados (favorables o adversos) de las mismas. Por tanto, todo ciudadano de un pueblo democrático en vez de promover revocatorias debería apoyar –sin importar por quien votó, sin importar si ganó o perdió su candidato– el trabajo de la autoridad elegida por la mayoría, en el mejor de los casos, o dejarla trabajar tranquila, en el peor, por el periodo de tiempo estipulado incluso antes de las elecciones. En este sentido la revocatoria resulta ser un mecanismo antidemocrático.

Sería saludable para la democracia y para la sociedad que la revocatoria en realidad no existiera, por todo lo dicho anteriormente. Y porque la revocatoria no es la cura para acabar con una mala autoridad, es un analgésico; no, la solución es que el pueblo aprenda a elegir bien a sus autoridades, que aprenda a sumir las consecuencias de sus decisiones democráticas, que aprenda a no hacer berrinches, a no patear el tablero democrático simplemente porque luego se da cuenta que la autoridad que eligió democráticamente es mala o no le gusta, que el pueblo aprenda a ser responsable. Si el pueblo eligió mal a sus autoridades, pues que asuma las consecuencias de su decisión democrática. Si el pueblo no aprende a elegir bien a sus autoridades la revocatoria no sirve sino para volver a elegir mal, pues la revocatoria no es un mecanismo que reforma, que educa, que eleva la consciencia, es más bien un mecanismo que exime al pueblo de toda responsabilidad, de toda culpa. El mensaje subliminal es: si eliges mal una autoridad; no te preocupes, revócala. ¿No te preocupes?, ¿revócala?, ¡qué sandez!, ¡que sí se preocupe, una y mil veces, hasta los huesos!, ¡que asuma las consecuencias de su decisión!, ¡que se haga responsable! ¡Qué mensaje para tan apañador, consentidor, sobreprotector, y sobre todo dañino! Basta de promover la irresponsabilidad, ya basta: un pueblo responsable no admite ni tolera revocatorias, porque la revocatoria es un mecanismo que abona la irresponsabilidad –la inconsciencia– personal y colectiva; y un pueblo puede ser todo, menos irresponsable. Recordemos, que si bien el pueblo no es responsable de que una autoridad sea mala, sí es completamente responsable de haberla elegido. La revocatoria lamentablemente se centra sólo en la autoridad, en su condición de mala autoridad, soslayando por completo uno de los detalles más importantes del proceso: que fue el pueblo quien eligió la mala autoridad, que fue el pueblo quien democráticamente le confirió el cargo que hoy pretende arrebatárselo. Un pueblo responsable debe asumir las consecuencias de su decisión democrática y no evadirlas vía revocatoria; debe aceptar con hidalguía que la autoridad elegida, aunque ahora no le guste, fue elegida para gobernar por un periodo de tiempo pactado incluso antes de ir a las urnas. En este sentido la revocatoria, aunque legal, resulta ser un mecanismo irresponsable; léase, hija de la irresponsabilidad, símbolo de la irresponsabilidad de un pueblo.

Si la cura a la proliferación de malas autoridades no es la revocatoria, sino educar al pueblo para que aprenda a elegir bien, ¿por qué se opta por la revocatoria sin cuestionarla, casi por inercia?: porque la revocatoria aunque no es cura, sino analgésico, además de ser un mecanismo legal y aparentemente democrático, exige el mínimo esfuerzo humano, la mínima inversión económica: comprar un kit, recolectar cierto número de firmas…; mientras que educar al pueblo, que es la cura definitiva, exige un esfuerzo humano y una inversión económica quijotescos, casi utópicos. ¿Revocatoria o Educar al pueblo? Ante este panorama la pregunta resulta retórica, ya no resulta un dilema, ¿cierto? Aun así, apuesto porque el estado eduque al pueblo para que este elija bien a sus autoridades, para que aprenda a ser responsable, aunque esta cura le cueste dos ojos y largos años de trabajo sistemático. El estado tiene la responsabilidad de educar al pueblo para que este no vote por un candidato sólo porque es guapo, no vote por un candidato sólo porque su propaganda en los medios de comunicación es llamativa, no vote por un candidato sólo porque habla lindo, no vote por un candidato sólo porque es millonario, no vote por un candidato sólo porque es carismático, no vote por un candidato que jamás ha hecho nada por el pueblo en el pasado, no vote por imágenes mediáticas, no vote por currículos inventados, no vote por proyectos inviables, no vote por equipos de trabajo improvisados… Total, ¿no es acaso la educación un derecho inalienable de todo ciudadano?

Si bien la revocatoria es un mecanismo antidemocrático, irresponsable, sobreprotector, que deslegitima gratuitamente a quien fuera legitimado en las urnas, ¿qué es lo mínimo que se debería hacer, si tuviéramos que convivir irremediablemente con la revocatoria, en aras de que no sea un perfecto despropósito, y no cause tanto daño a la democracia?: sería imperdonable no replantear al menos por completo los 6 requisitos que la activan; sería imperativo hacerlos más robustos, más lógicos, más justos; sería imperativo quitarles su carácter meramente económico, operativo, burocrático que gozan; sería imperativo quitarles su proclividad innata de sucumbir a las bajas pasiones.

Finalmente, ¿cómo exigirle a los candidatos, a las agrupaciones políticas, a las agencias de marketing, a los medios de comunicación, al pueblo en general, ser honestos durante una campaña electoral? ¿Cómo exigirles, es suma, ser actores responsables? No podemos exigirles, debemos enseñarles. Si todos los actores sociales que intervienen en un proceso democrático fueran responsables, ¿se imaginan?, seguramente otra sería la historia.

Wednesday, December 14, 2011

Mi caminata con Namul...

Un texto de Miguel Arbildo,
miembro activo del Grupo Literario Namul,
leído el 28 de setiembre en el 14 aniversario del grupo

Integrarme a Namul, fue comenzar una travesía inolvidable. La tarde de setiembre del 97 llegué citado a la Biblioteca Municipal de Guadalupe en donde me esperaban unos jóvenes sostenidos en el afán de “Contagiar su canto a las mil cuerdas que pasean, como calladas, por las calles largas y preñadas de historia…”(1). A partir de entonces, Namul surge oficialmente como grupo, fortaleciendo actualmente su fibra literaria que no ha logrado arrancar el tiempo.

En sus albores, Namul edita sus textos que carecen de destreza elocutiva. Textos editados a máquina de escribir, y financiados por cada integrante. Ese año (1997) se ejecutaron 2 exposiciones pictóricas - poéticas que nos abrieron las puertas para entrar en la escena cultural guadalupana. Ello debido al esfuerzo mancomunado de sus ocho integrantes: Robert Jara, Josué Vallejos, William Bueno, Víctor Campos, Iván Ruiz, Lucio Ríos, David Mendoza y quien aquí escribe. Con respecto a Jara he albergado una interrogante: ¿Cómo él, cargando prejuicios de bachiller en ciencias físicas, y no siendo además del mismo hotel de Guadalupe, sino radicado en el campo –Semán–, tuvo la temeridad de fundar un grupo literario? Hasta me resulta gracioso, a veces nostálgico, recordarle esperándonos en la Biblioteca Municipal o en la Plaza de Armas con su vieja bicicleta chacarera, su mirada vehemente y tímida, albergando el anhelo de que Namul pase a la plataforma de la historia guadalupana. A raíz de tales preguntas, colijo que no se necesitan títulos ni ventajas topográficas para representar una causa honorable.

Conocida es la etapa de letargo en que decae Namul durante algunos años, cuando su fundador viaja a Puerto Rico, y sus integrantes se dispersaron por cuestiones laborales y de estudios, sin embargo no se deshizo del todo. Namul redujo sus eventos a tertulias literarias. No sin dejar de estar comprometido con la lectura de textos literarios. Durante aquel tiempo impelido por las obras de Jack London, Julio Verne, Andersen, Li Po, Eguren, cultivé la poesía, también la prosa, sin herramientas de las técnicas narrativas contemporáneas, retrotrayendo escenarios del distrito La Victoria, Chiclayo, donde nací y me crié hasta los 12 años.

Escribo atraído por mi tierra natal, evocándola siempre; acaso, sin saberlo algún tiempo, he corroborado lo que Vargas Llosa diría, El escritor no elige los temas, sino los temas eligen al escritor. Además he podido notar – convencerme- de que mis hermanos namulianos (Josué y Robert – escritores activos de Namul-) también se han esforzado ardorosamente para crecer en el cultivo de la narrativa y la poesía, cada quien con sus estilos peculiares que certeramente han ido adquiriéndolos. Esto puedo acreditarlo con sus obras publicadas de manera individual y colectiva en este año 2011. Namul ha elevado su nivel literario, no sólo por inspiración y el afán de escribir, iniciales durante su etapa de gestación (esto cualquier irresponsable posee y cree que es suficiente para ser buen escritor), sino que ha elevado su nivel debido al talento, la perseverancia y la lectura acuciosa, imprescindibles para quienes aspiran ser connotados.

(1): Enunciado de Robert Jara, extraído de la presentación a la plaqueta Ocho cuerdas vibrando de emoción -1997.

Wednesday, November 16, 2011

NOSTALGIA DE BARRO por Antonio Escobar

“La poesía es la conciencia más fiel de las contradicciones humanas porque es el martirio de la lucidez, y la poesía, al sufrir el martirio de la lucidez, se aproxima a la razón”.

En la geografía de la poesía, pueden plasmarse una gran variedad de estilos y, lo más importante, estos pueden interpretarse con toda una extensa gama de colores y tonalidades para agradar al lector más exigente.

Es Robert Jara, un poeta que va con paso seguro, pausado, con conceptos cultivados y de formas limpias y correctas. Pero lo más interesante está en su textos que nos presenta en “Nostalgia de Barro” divido en tres partes, que han constituido libros separados. Esta unión poética permite un producto cosechado con lucidez.

“Nostalgia de Barro”, es el título del libro y de uno de los poemas que forman parte de este libro, es la voz de la poesía, la voz de un autor que mima los conceptos y los sentimientos canalizándolos de una manera personal. Es un libro tan sencillo y, a la vez, bien trabajado, que lo aconsejable es degustarlo poco a poco para conseguir captar todas las sensaciones que quiere transmitir.

Robert Jara nos traslada a su paisaje cotidiano, a su habitad, donde ha pasado su infancia rodeado de su familia: son los temas cotidianos que inspiran su poesía. Viste la esencia de su creación con ropajes al alcance de sus manos, porque envolviéndonos en su voz poética consigue mantener en vilo la poesía (palabras que pueden parecer muy familiares; pero que forman un barbecho latente para su creación) en un estado de equilibrio y mesura que puede aparentar facilidad, pero que se ha aplicado gran laboriosidad en la elaboración de cada poema.

En sus versos vivifica personajes familiares y cotidianos de su tierra que lo vio nacer. Es su paisaje que lo adorna con metáforas de su entorno y todo gira en cuestiones trascendentales sobre la vida, el devenir, el tiempo, la razón o las ideas.

Desde esta perspectiva “Nostalgia de Barro” constituye la demostración del sentimiento de un poeta que ama lo suyo, sus caminos, la verdura del paisaje, se interna en el alma de la tierra y la sobrepasa hasta su médula, para cantarle con la quena de su alma y la guitarra de la alegría

En el cauce de la poesía de Robert Jara, encontramos su ritmo delicado, nostálgico, como en una lágrima candente, nos entrega su mensaje cargado de esperanzas. Lo hace también con serena paciencia, equilibrado. Aquí tiene cabida la exaltación y la búsqueda de justicia. porque en la poesía de nuestro poeta no se suscita el odio. Lo importante es la palabra y la estética que deja a sus lectores.

Lo importante en el itinerario de “Nostalgia de Barro” es el lirismo de la palabra puesta como un movimiento cinematográfico, por un pasado marcado por el dolor y la ausencia, punto de motivación de estos hermosos versos que el poeta nos deja sobre las manos, como un junco tembloroso entre las aguas de su poesía, donde plasma su mensaje con estilo personal y equilibrado.

Semán, setiembre de 2011
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Antonio Escobar Mendívez (Jequetepeque, 1945)
Reconocido poeta y promotor cultural de La Libertad

Monday, October 17, 2011

Poeta, condición esporádica y fluctuante

Es lamentable ver cómo los libros que enseñan a atrapar poesía no enseñan más que intentar atraparla; resultan en un amague, en un frívolo recetario. Será que el poeta es más que un simple chef literario.

Desde siempre se ha discutido y puesto en tela de juicio de que si el poeta es un hombre común o si es un iluminado, pero no en la posibilidad de una mixtura; como tampoco en la posibilidad de que ser poeta sea sólo una condición temporal y no permanente como se le considera. Creo que no se ha puesto en tela de juicio, ni se ha cuestionado lo que denomino la temporalidad del poeta.

En términos generales el poeta transmite emociones, no sólo vivencias (situaciones vividas, individuales, intransferibles). Las emociones resultan tanto de situaciones reales como de situaciones inventadas (fingidas); personales, impersonales; divinas, paganas, etc. El trueque inofensivo de este par de palabras significa la exclusión o inclusión de varios tipos de poetas. Y en realidad decir que el poeta transmite emociones es demasiado ostentoso, el poeta con seguridad hace el intento, el amague; descubrir si tal intento resulta o no en un acierto es utópico, a no ser que se mire a través de lupas subjetivas.

El no adjetivar las emociones, pasaría de largo, indiferente; pero dado que aquel adjetivo, aparentemente superficial, engendra otro de los grandes dilemas respecto a la condición del poeta, no puedo darme ese lujo. Tratar de clasificar al poeta no es cosa nueva, ya sea respecto a la temática, al estilo, a la actitud frente a la vida, a la época, etc., de donde resultan poetas místicos, poetas simbólicos, poetas comprometidos, poetas modernistas, etc. La actitud del poeta frente a la vida, a diferencia de otras consideraciones, no permite ser reducida a simple motivo de parcelación didáctica; no acepta tan dócilmente no ser inherente a la poesía misma. De ella depende que se tilde a los poetas de malditos o místicos, comprometidos o puros, etc.; el valor que adquieran estos adjetivos depende de qué lado se miren (comprometido en boca de poeta puro, así como puro en boca de poeta comprometido, adquieren valores negativos). Entonces flota la pregunta: ¿quién es poeta, el que materializa emociones reales, inventadas, divinas, paganas, etc. ¿Quién?? (La temporalidad del poeta no aboga por ninguna, pero tampoco las niega). Pues de las emociones divinas nace el poeta místico; de las inventadas, el poeta fabulador; de las personales el poeta testimonial; etc. La adjetivación de las emociones acepta, sin contradicciones, el amplio abanico de poetas existentes, en cada momento. La temporalidad poética explica, de modo natural, por qué en un mismo poema, el poeta podría potencialmente plasmar todo su espectro de emociones. Y también explica por qué el adjetivo de las emociones, en términos generales, resulta fluctuante, esporádico.

La temporalidad del poeta hermana a la sensibilidad y al ingenio, reñidos para algunos. El momento catártico es dominado por la sensibilidad del poeta, la sensibilidad se impone y sobrepone al ingenio sin negarlo; fuera de este momento, los roles simplemente se invierten.

Si el poeta nace o se hace, a estas alturas, carece de sentido. Tanto la sensibilidad como el ingenio no se heredan; ambos se perfilan, fluctúan, definen, en el transcurso mismo de la vida y de la atmósfera cultural.

La condición del que funge de poeta fluctúa entre ser realmente poeta y el no serlo. Es decir, si le preguntasen, ¿eres poeta?, a lo más debería responder, sin temor a caer en poses egocéntricas: no, no soy poeta; probablemente lo fui mientras escribía mi último verso. Y es que, concluido el poema, el acto de creación se desvanece, y el poeta desaparece de la escena. El poeta no existe si no cuando crea y/o recrea el poema, cuando pare poesía, único vestigio tangible que registra ese breve ataque catártico y/o de oficio creativo. Ser poeta es una condición esporádica, fugaz, momentánea, tanto como lo sea el acto creativo, por lo que llamarse poeta en términos absolutos, independientemente del momento creativo, no es más que un alarde del ego.

Monday, September 19, 2011

Querer, siempre; poder, a veces

¿Qué sería de una hormiga que anhela ser elefante?: sufriría innecesariamente.

No importa lo que la hormiga haga para lograr ser elefante jamás podrá ser elefante. Sucede que la hormiga quiere ser algo que está fuera de sus posibilidades.

La hormiga sufre porque cree ciegamente que querer es poder. Y claro, si por casualidad una cigarra le dice que querer es poder es una patraña, y que por lo tanto jamás podrá ser elefante, la hormiga inmediatamente la tildará de pesimista, y por qué no, de envidiosa. Y como nadie en su sano juicio quiere ser un pesimista –ni envidioso-, ya que es políticamente incorrecto, la cigarra se retracta. La hormiga ha recurrido a la práctica de la descalificación sistemática para legitimar su optimismo. Pesimista es la palabra mágica que hace de querer es poder una expresión intocable, robusta, incuestionable. De este modo querer es poder se instala como una verdad inamovible en el imaginario colectivo. Pero, ¿querer es, realmente, poder? No lo creo. Es sólo una frase que raya en una esperanza y un optimismo hiperbólicos, una frase que grafica el anhelo, una frase filialmente consoladora para el imposibilitado. La hormiga no importa cuánto quiera, ni cuanto haga para lograrlo, jamás podrá ser elefante. Su anhelo es utópico. Y querer es sólo eso, querer.

¿Es la cigarra realmente pesimista? No, ni la cigarra es pesimista, ni la hormiga es optimista; la cigarra es realista, la hormiga es mitómana, sino cándida. No es que la cigarra crea –anhele- que la hormiga no pueda ser elefante, lo que sucede es que la cigarra sabe que la hormiga no puede ser elefante, lo cual es diferente. Es decir, el pesimismo de la cigarra proviene del conocimiento, más no del anhelo, de la creencia.

–Cargaré sobre mi espalda esta canica de plomo –comenta la hormiga
–Ajá, claro. No ves que es una miga –comenta la cigarra
–¡Tú siempre tan pesimista!
–Pesimista no, una optimista bien informada

No es malo querer, lo malo es creer que podemos lograr todo lo que queremos, ignorando que el mundo de las cosas que queremos siempre es y será mucho más amplio que el mundo de las cosas que podemos. No podemos conseguir todo, sino sólo aquello que está dentro de nuestras posibilidades. Se puede querer todo, se puede lograr un poco. Lamentablemente, nuestras posibilidades no son ilimitadas como erróneamente o malvadamente el querer es poder nos profesa.

La lectura más errónea es asumir a querer es poder literalmente. Es decir; asumir que basta con querer para obtener algo. Una lectura menos errónea es asumir que no basta con querer algo para conseguirlo sino que es necesario un esfuerzo. Si bien la segunda lectura es menos errónea, no es menos dañina; aún solapa tras su aura de esperanza y optimismo hiperbólicos una verdad hipnótica: nuestro esfuerzo es infinito.

Una hormiga lenta corre tras una miga que es cargada por una hormiga veloz. La hormiga lenta presa de querer es poder correrá tras la miga hasta morirse. El alcanzar la miga es sólo cuestión de tiempo piensa, querer es poder así se lo dicta. Querer es poder no le permite pensar en la posibilidad de que no podrá conseguir la miga debido a que la hormiga veloz se lo impide. Querer es poder alumbra la miga, mas no alumbra a la hormiga veloz. La miga no le es inalcanzable a la hormiga lenta porque la hormiga es lenta o la miga es de otro mundo, sino porque la hormiga veloz se lo impide. Querer es poder aboga silenciosamente porque la miga no luzca utópica, y porque la hormiga lenta no tome conciencia de la competencia abusiva y desleal ejercida por la hormiga veloz.

Una cosa es que una hormiga quiera ser elefante, otra que quiera una miga que está sobre la mesa, y otra que quiera una miga que reposa sobre el lomo de una hormiga que corre velozmente. Querer algo que está fuera de nuestras posibilidades, bajo la tutela de querer es poder, nos condena –a priori- al fracaso, al dolor; mientras que bajo la tutela de hay que saber querer, no.

El antídoto a querer es poder es hay que saber querer. La segunda expresión a diferencia de la primera implica el conocimiento consciente de nuestras propias limitaciones y/o capacidades; implica aceptar que nuestras posibilidades son finitas. Finalmente, yo, al igual que la hormiga lenta, también creo que querer es poderpero sólo lo posible.

Monday, September 05, 2011

NOSTALGIA DE BARRO por Ornitorrinco Editores

TODO EL AMOR A LA TIERRA

El corazón de todo ser humano aprende del amor desde el momento en que lo invade la llama dulce de la patria chica, del pueblo que cobija su niñez sin esperar nada a cambio. Y el poeta Robert Jara lo ha sabido siempre, por ello estos cantos están dedicados a la tierra que lo vio nacer, crecer y le enseñó la vida.

Sosteniendo este sentimiento bajo el sol de la añoranza, Jara ha logrado perfilar un estilo particular en el que el ritmo de la versificación danza despabilado como los veloces vientos de su región, y donde el trabajo expresivo se organiza con la presencia de los componentes propios de su tierra, partiendo de un manejo lingüístico adquirido en lo más alto de sus influjos literarios.

De este modo, Nostalgia de barro –compuesto por tres libros independientes– fluye como un conjunto lírico en el que la vibración terrígena y las inquietudes de la técnica son la mejor amalgama para comprender el corazón de este poeta enamorado de sus raíces. Lo cual constituye la mejor manera de embarcarnos en la vastedad histórica y vivencial de la cultura del norte peruano.

Lima, agosto de 2011

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Ornitorrinco Editores (Lima, Perú)
Sello editorial dirigido por el escritor Ricardo Ayllón

Tuesday, August 16, 2011

¿Mal poeta o no poeta?

¿Es lo mismo ser mal poeta que no ser poeta? ¿Qué es más legítimo decirle a alguien que nunca escribe un buen verso: que es mal poeta o que no es poeta? Pongamos el siguiente caso hipotético: Luis, el día que su padre muere, de dolor escribe algunos versos. Un entendido en poesía los lee, y llega a la conclusión de que los versos son realmente malos. La pregunta es: ¿los versos son malos por que Luis no es poeta o por que Luis es un mal poeta? El ego de Luis bien podría resolver este dilema, a su favor, obviamente, aludiendo que el entendido no sabe de poesía. Y es aquí cuando surge un nuevo y legítimo dilema: ¿la poesía es mala por que es mala o por que el entendido es un mal entendido? En fin, lo único cierto es que un poeta jamás escribe/publica sabiendo/creyendo íntimamente que su poesía es mala; todo poeta escribe/publica bajo la presunción (aunque inocente, pletórica de fe y de ego) de que su poesía es buena, o al menos no es (tan) mala: el acto creativo del poeta se sustenta en un acto de fe estético, en el beneficio de la duda. Un poeta sin fe creativa no existe. Un poeta que asegura que su poesía es mala (o no le gusta) no existe, o bien es la encarnación de la falsa humildad o de un ego solapado, o bien es víctima de un malditismo trasnochado: ¡qué malo ese poeta que despotrica contra su propia poesía! Poeta que publica porque lo animaron, porque tuvo la oportunidad, porque ya era tiempo, etc., mienta: poeta que publica, sin duda alguna, o se sabe poeta o se cree poeta; punto.

Si todos son (potencialmente, optimistamente) poetas, el acto de escritura nos develará, no si es o no poeta, sino si es un mal o un buen poeta. En cambio, si no todos son (potencialmente, realistamente) poetas, ¿qué es lo realmente nos devela el acto de escritura?; pues, todo depende de lo que respondamos a la siguiente pregunta: ¿el poeta nace cuando escribe, o cuando escribe bien? Si el sólo acto de escritura pariera al poeta, esto explicaría (y justificaría) el por qué todos los países se jactan que debajo de cada una de sus piedras brota un poeta; esto explicaría, también, el por qué todo aquel que escribe (garabatea) un par de versos se considera poeta; explicaría, también, el por qué hay tanto poeta que cree (sin un atisbo de duda) que todo lo que escribe (a veces en una servilleta, en lo que dura un bostezo, una pitada de cigarrillo, un sorbo de cerveza) es digno de aparecer en una antología.

Leí alguna vez por ahí, que el poeta tenía que llamarse poeta, reconocerse y asumirse como tal ante sí mismo y ante los demás que no hacerlo era poco menos que una estupidez, un complejo. ¿Por qué no si el carpintero se llama carpintero; el futbolista, futbolista; el matemático, matemático, etc.? Mientras releía esos argumentos, les juro que por acto reflejo, por instinto natural, por emoción de mi ego acariciado, no dudé en llamarme poeta para mis adentros. Ante la treta psicológica preferí ser poeta a ser un acomplejado o un idiota. Pero luego me pregunté: ¿acaso porque corro el estadio soy atleta?, ¿acaso porque pateo una pelota o porque juego tiritos al arco soy futbolista? ¿acaso porque construyo una silla soy carpintero? ¿acaso porque calculo mentalmente la cuenta a pagar en el supermercado soy matemático? … Claro que no: ni soy atleta porque corro el estadio, ni soy futbolista porque pateo una pelota, ni soy carpintero porque construyo una silla, ni soy matemático porque calculo mentalmente la cuenta… Por lo tanto, tampoco soy poeta simplemente porque escribo unos versos. El oficio es producto de la perseverancia, de la práctica, del tiempo; el oficio no es producto de la casualidad, de la improvisación permanente. No basta para escribir poesía mirar al cielo, sentarse bajo un árbol, respirar hondo; para escribir poesía y por tanto para ser poeta hay que escribir y escribir, para poder corregir y corregir y/o botar y botar.

¿Cómo saber realmente si una persona es mal poeta o no es poeta?: no hay forma de zanjar el dilema, a menos que venga a nuestro auxilio el inefable poetómetro: dispositivo que sirve para medir la calidad poética.