Monday, April 15, 2013

A ORILLAS DEL ARROZAL por Gerson Ramirez


LITERATURA CON SABOR A TIERRA FÉRTIL

Cada vez que visito por primera vez un pueblo de mi país, busco si quién sabe tiene algo de parecido con el mío: a lo mejor cañaverales, o un río cercano que en el otoño discurra apacible, o tal vez solo un cerro emblemático, al que sus pobladores miran con regocijo y espíritu de leyenda. Y si es así, me siento más cercano a todo lo que me rodea. Y ahora estoy aquí en Guadalupe para referirme brevemente a lo que pienso de la literatura, a propósito de la publicación del libro “A orillas del arrozal”, de los integrantes del grupo NAMUL.

Creo que nada es más importante ni más hermoso para un niño que oír de sus mayores, alguna nueva historia, no importa de qué lugar del mundo ni de qué región de tu país, pues solo basta un espíritu entusiasta que nos  guíe por el sendero de la imaginación, y alguien dispuesto a escuchar. Y es así cómo la literatura nos colma el corazón de infinita alegría y despierta en nuestra alma profundos sentimientos.

En las historias de “A orillas del arrozal” se fusiona una variedad de experiencias vitales que tienen siempre como referente elambiente pueblerino y rural. Sin embargo, no debemos tener el prejuicio estético contra aquellas expresiones literarias configuradas en base a patrones culturales regionales. Más bien, la literatura producida en estos pueblos debe servir de punto de partida para forjar un nuevo concepto de literatura peruana.

El lenguaje coloquial de estas historias se enriquece con los recursos expresivos de la tradición oral. Por eso encontramos en los cuentos de Josué Vallejos alusiones a un medio social caótico y violento, además de ribetes de leyenda con brujos y demonios como en su cuento “El arapuma”. Y en las historias “La niña de blanco” y “El jilguero” de Miguel Arbildo apreciamos cómo el recuerdo se convierte en añoranza y la añoranza en ficción, en un medio rural lleno de fantasía y coloquialismo.

En “El arcoíris quiso llevarme” de Antonio Escobar, la literatura toma aires de denuncia social, de reivindicación, pero también de esperanza; además de plasmar reflexiones nostálgicas acerca del tiempo y sus marcas indelebles en el alma del hombre. Y en las historias de Robert Jara destacamos sus descripciones   de aliento poético, como en “Olor a paja” y “Las eras arden a lo lejos”, así como  su crítica mordaz contra el academicismo de algunos intelectuales que a veces le ponen cadenas a la hermosa libertad de las palabras sencillas: tierra, lluvia, pan.

Y la pregunta de esta tarde sería, ¿para qué sirve la literatura? Y aquí recuerdo lo que el maestro José María Arguedas afirmaba: “Debemos educar teniendo como base la memoria colectiva de los pueblos”. Él se refería a que los mitos, leyendas, relatos y canciones populares deben emplearse como fuente para la formación integral de los niños y jóvenes. Así entenderemos quién es nuestra patria y hacia dónde vamos. Y de ese coloquialismo, oralidad y mundo legendario se impregnan las historias del  libro “A orillas del arrozal”, del grupo literario NAMUL.

Quiero terminar citando lo que le dice el arcoíris  a Eleuterio en uno de los cuentos de Antonio Escobar: “No tengas miedo Eleuterio. Desde ahora va a cambiar tu suerte; serás rico y tendrás cosechas abundantes; aquí no solo parirá el arroz espigas de oro; sino toda planta que siembres brotará y dará frutos”.

Y esta obra es el nuevo fruto intelectual de esta tierra.

                                                                               Guadalupe, 11 de abril de 2013

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Gerson Ramírez  Avila (Laredo, La Libertad, 1969)


Licenciado en lengua y literatura por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Profesor del Departamento de Letras de la Universidad Privada del Norte, en Trujillo. Ha publicado los libros de cuentos Expediente secreto (2003), Los intrusos (2004),  Cenaremos en Madrid (2009), Cuentos de la Campiña(2012),  y la novela El Oráculo de Diofanto (2013).

Miembro del Grupo Cultural Papel de Viento y del Frente de Escritores de La Libertad.

Ha sido incluido en la muestra Narrativa de la libertad (Ediciones Altazor, 2009). Sus cuentos y crónicas se han publicado en los diarios La Primera y La Industria de Trujillo, y en el blog Marea Cultural.

Segundo premio en cuento en el IV Juegos Florales Luis Hernández Camarero de la UNT (1994). Primer Premio en cuento en el V Juegos Florales Luis Hernández Camarero (UNT, 1996)
  

Wednesday, March 20, 2013

NOSTALGIA DE BARRO por Francisco Moreno Ruiz


Conocí a Robert Jara en Huamachuco, la tierra que me vio crecer y en la que, solícita y complaciente, aún habita toda mi niñez. Volví a conocer a Robert Jara una mañana de lluvia, cuando empecé a leer su libro, escuchando el eco de la gotera, advirtiendo el progreso de aquellos hilos de agua que arañan la tierra y alimentan los ríos; una mañana donde los gatos buscaban cobijo, mientras los truenos arremetían bruscamente, y el fiero viento hacía ulular las frazadas del tendedero, cerca de un triste horno de barro, que majestuosamente y con la más alta valentía espera su muerte. Aquella mañana, Robert era un niño y, súbitamente, yo también lo era.

Nostalgia de barro es el mejor homenaje que se le puede hacer al pueblo en el que la niñez saboreó infinitas emociones, entre polvorientas callecitas, escuchando de qué manera los gallos / trizan el silencio, percibiendo un coro de pasitos / laboriosos y apurados.

Nostalgia de barro, no es un libro; es, más bien, un pueblito hecho libro. Éste se constituye de tres libros independientes: Cantata al silencio, Los abuelos de mis abuelos, y Nostalgia de Barro. Desde el inicio, uno se sumerge en un océano de recuerdos y aventuras que evocan el tiempo y el espacio, acompañado por diversos senderos, donde vemos el campo, oteamos el humo que emerge de las casas, apreciamos el vuelo de las aves. Caminamos con el poeta y sentimos su mundo, nos hacemos parte de su vida, somos uno y a la vez somos todo. Somos polvo, somos arena, somos campo, somos cerro, somos día y noche, somos abuelos, padres e hijos. Somos luna y sol, y cuando somos playa y dejamos de silbar, nuevamente, siendo sol y luna, lloramos.

Robert Jara, es consecuente y demuestra, a través de una adecuada y elaborada lírica, la grandeza de su pueblo, su identidad, su origen. El autor rinde homenaje al abuelo ancestral, la nobleza de éste y la fortaleza con la que recoge los embates del destino. También reconoce al abuelo que vino del mar.

Interroga a sus antepasados, al abuelo ancestral y al que se esconde entre la barba. Al primero le dice: Abuelo / cuéntame de tus playas / tus valles / tus cerros / de esos labios / de esos vientres / de esas tetas / en fin / de todas tus yuntas milenarias; al segundo: Por qué abuelo / saliste del mar echando espuma / por qué regaste pólvora / en vez de caricias. Robert Jara insiste y continúa: Por qué me diste el respiro / entre gallos y medias noches, entre orgullos esquirlados / robando besos / extirpando idolatrías / navegando ríos de sangre. El poeta no puede esquivar su pasado, no puede negarlo. El poeta reconoce su origen, el dolor, el sufrimiento.

La historia relata sucesos y trata de explicar, en base a fuentes, cómo sucedieron determinados hechos. El poeta conversa con los personajes de la historia, lo sigue haciendo y no se detiene, avanza y fortalece su identidad, sigue creciendo, se desenvuelve en su patria; es nieto, y continúa creciendo. Pero… / lo siento abuelo barbudo / será de mi abuelo acallado / mi lápiz / y mi voz / sólo hasta que su sangre / ya no sea un topo / ya no sea un pez / y cante / a dúo contigo / codo a codo / oreándose y / meciéndose / en las olas de mi pellejo.

En esta nueva poesía, de contexto costeño y norteño, se reúnen variados elementos. Robert Jara nos acerca a lo sublime, al dolor, a la verdad. La atmósfera se hace dulce cuando el poeta nos acerca a su niñez, nos presenta a su padre, a su madre, sus hermanos. Ama su tierra, ama su vida. Su poesía vivifica al campo, al arado, al gallo negro, a la piedra, a la tribu, al pan, al arroz, a la sopa…

Mamá mientras llora mastica un trozo de pan, un poco de arroz, un poco de sopa. Y siempre, desde siempre, alguna lágrima húndese en su boca.

Sin duda, Nostalgia de barro es un libro que nos introduce en la tierra del poeta. Somos elementos del pueblito y lo valoramos tanto como el poeta lo hace.

La sensación que queda, luego de haber leído el libro, subrayado algunos párrafos, resaltado frases, es volver a leerlo. Sin embargo, puedo dar testimonio y tener la certeza que el pueblito sigue siendo hermoso, y lo seguirá siendo. Conocer el pueblito es ahora otro de mis anhelos. Por ello, al igual que Robert Jara, el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestra tierra es quererla y apreciarla. Somos un país muy complejo, somos una patria hermosa. Robert Jara es un ejemplo de compromiso y la difusión de su obra es importante para toda nuestra sociedad. Desde Huamachuco, enviemos un abrazo y muchos éxitos a este gran poeta.


Huamachuco, marzo de 2013

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Francisco Moreno Ruiz (Huamachuco – La Libertad)
Estudió Gestión Cultural e en el  MALI (Museo de Arte de Lima)
Estudia  Ciencias Sociales – Historia en la UNMSM

Thursday, February 14, 2013

Pablo Edmundo Céspedes Nureña

“El referente literario más antiguo que tiene Guadalupe es Pablo Edmundo Céspedes Nureña (Guadalupe, 1876 − 1948). Esto convierte a Pablo Céspedes, por justicia histórica, en el patriarca de la literatura guadalupana; aunque por cuestiones dialécticas es muy probable que exista alguien que lo precedió en el oficio pero que lamentablemente su obra no se conservó y/o publicó. La obra, después de todo es el único producto-evidencia del quehacer literario, y es lo que finalmente cuenta a la hora de hacer un balance literario, a la hora de reconstruir el proceso literario de un determinado espacio geográfico.” (Cuatro más, Robert Jara, 2012)

Cuadro heroico

Es un cuadro edificante
donde palpita el recuerdo
de mi sonriente infancia
mezclado al dolor acerbo;
que suscita en mi memoria
aquel episodio homérico,
en el que el trágico heroísmo
de tres viriles obreros,
ante el plomo de Araucanía
con estoica fe cayeron,
como caen los valientes
con el rostro erguido al cielo.

Son Fernando y Justo Albújar
hijos natos de mi suelo
que, con Guarniz resignados
la misma pena sufrieron,
símbolo de honor preciado
que ha de conservarse ileso
haciendo sobre su tumba
donde reposan sus restos
la promesa decidida
de formar un haz compacto
en aras de un solo anhelo:
la grandeza de ésta tierra
que dio esos temples de acero!


Apoteosis

A  la memoria del fusilamiento de los
hermanos Fernando y Justo Albújar y
Manuel Guarniz, el 28 de octubre de
1880, en la ciudad de Guadalupe.


Es una fría mañana,
densa niebla al cielo cubre,
mañana del mes de octubre
silenciosa, funeral;
y una villa antes galana
como una virgen doliente
dobla la prístina frente
bajo un designio fatal.
Es Guadalupe, la amada
donde se meció mi cuna,
donde guardo una fortuna
en su ruinoso panteón;
que bajo cruz empolvada
de unos sepulcros helados
yacen huesos adorados
su fatal evolución.
Es la tierra hospitalaria
centro de paz y bonanza
donde el peregrino alcanza
siempre un asilo y un pan;
es la mansión solitaria
a cuyo recuerdo santo
tregua doy a mi quebranto
y dulcifico mi afán

¿Que tiene este noble suelo
en que otrora fue tan dichoso,
que así nublan su reposo
las sombras de la aflicción?
¿Porqué un hondo desvelo
sus pacíficos vecinos
se ven tristes y mohínos
como lóbrega prisión?

¡Ah! la guerra desastrosa
semillero de hondos males,
en nuestros patrios anales
negra página escribió;
y la Araucanía envidiosa
confirmando su ralea
a ruin, injusta pelea
artera nos provocó.

Cuatro años de dura guerra
en que el Perú valeroso
siempre noble y generoso
por sus derechos bregó;
que, con infamia que aterra
y furia de hambriento lobo,


a la matanza y al robo
Chile vil se dedicó.

En esta etapa de duelo,
en esta odisea cruenta,
Guadalupe nos presenta
un episodio de horror;
recuerdo que atroz desvelo
da al alma en sus desengaños
que al transcurso de los años
se aviva con más fulgor.

Son las diez de la mañana
todo en silencio perdura,
negro signo de pavura
pinta al fiel la situación;
y una facción miliciana
brotada del inmundo cieno
sale del cuartel chileno
y se encamina al panteón.

A sus diestra, resignados
ante este destino infausto
van a darse en holocausto
por su patria y por su honor;
dos seres ¡ay! desgraciados,
de un mismo seno nacidos
y que conformes y unidos
va a ultimar el invasor.

Es Fernando el laborioso
y Justo el adolescente,
digno, leal, inteligente
de bien puesto corazón;
y un compañero afectuoso,
Guarniz, de contraria suerte,
recibe la misma muerte,
llena la misma misión.

A la vez, en los hogares
de la Villa memorada,
un adiós de alma angustiada
se oye tierno percutir;
las damas lloran a mares,
los hombres sienten desvelo
y hasta el vivaz pequeñuelo
se escatima de reír.

Mientras el cuadro doliente
transcurre lúgubre y serio,
han llegado al Cementerio
las huestes del vil Caín;
y, con cinismo insolente
a la inocencia y pureza
abren su fúnebre huesa,
dan su postrimero fin.

Descansen en paz los restos
de esos nobles artesanos,
los buenos guadalupanos
siempre su tumba honrarán,
recordando esos funestos
días de tristeza y luto
que son perenne tributo
de la pobre humanidad.


De: Tributo (Robert Jara, 2008)

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Pablo Edmundo Céspedes Nureña (Guadalupe, 1876 - 1948).


Pionero del periodismo regional: funda periódicos de tinte  literario como también político, entre los que cabe destacar  El recreo del hogar, El obrero, y La unión. Sus primeros pasos periodísticos los dio en el semanario El Ferrocarril. Fue maestro de escuela. Primer escritor guadalupano del cual se tiene noticia. Su creación literaria ha sido reunida y publicada por primera vez, a 48 años de su muerte,  bajo el  titulo Cardos y  Malezas, por iniciativa de sus hijos. Aún resta reunir su obra dispersa en periódicos y revistas.  

Friday, January 18, 2013

NOSTALGIA DE BARRO por Juan Félix Cortés Espinosa


El libro de poesía Nostalgia de Barro del poeta Robert Jara consta de tres partes: Cantata al silencio, Los abuelos de mis abuelos y Nostalgia de barro.

La obra está editada pulcramente por el sello Ornitorrinco que dirige el poeta Ricardo Ayllón, y tiene 78 páginas. La imagen de portada: Músicos de Cajamarca es un óleo sobre tela y pertenece al artista plástico Cleto Carpio Dávila (CARDAC);  las ilustraciones de solapa e interiores son tramas en blanco y negro a partir de fotografías de Robert Jara; el diseño de cubierta pertenece a Juan López Morales.

Cantata al silencio

Robert Jara ha escrito una poesía constante que se remonta a la infancia; el personaje principal es el pueblecito que cobija sus recuerdos y sus olvidos; el cerro Namul se avizora con su propia tradición como un símbolo de la naturaleza, vinculado a las raíces ancestrales.

Es una poesía a veces simbólica, a veces comprometida, donde el poeta se desplaza mágicamente para describir su hábitat, su espacio perdido y encontrado en su espíritu creador; es una poesía que rescata las calles polvorientas, aquella atmósfera rural donde aparecen: los pájaros, la lluvia, los árboles, la brisa del mar, las auroras y los crepúsculos. Es el amor del poeta a su terruño quien lo convoca  a escribir; de ahí que Cantata al silencio sea un canto a la naturaleza, al paisaje agrario, donde la inocencia y la ternura se fusionan en el tiempo. La soledad, el silencio y una inadvertida violencia del pueblecito de Robert Jara nos permiten conocer a los protagonistas que se desarrollan en las formas breves y que dan unidad y coherencia al texto. A veces encontramos versos de estilo vallejiano: “de la cintura soleada y tristona”, “cobrizos zancudos”. Robert Jara une conceptos para lograr expresar con eficacia el contenido poético.

La tristeza de lo rural, se percibe en algunos fragmentos: lugubredad / cada poro / cada hueso chupa y escupe/

El pueblecito yace marginado, solitario, triste, callado, sin embargo es visitado por lechuzas, moscones, gatos, grillos,  luciérnagas; es un pueblecito signado por la rutina que paradójicamente lo hace distinto.

Cuando escribe /Ignoro / a dónde / el sol / se iría a llorar/ filosofa y percibe cotidianamente la realidad circundante y descubre en carne propia una existencia relativa que resulta ser un apuro por vivir en una plañidera tarde, tal como afirma poéticamente.

En el pueblecito la tragedia y el drama no están ausentes, como no están ausentes los algarrobos centenarios, las bandadas de pájaros que  inundan los árboles; el poeta insistentemente evoca a su cerro Namul, y se apropia de su magia y de su esencia perdurable.

En el pueblecito el sol y la luna son testigos de las costumbres, tradiciones y leyendas.

Robert Jara ha logrado una poesía personal y telúrica; ha logrado expresar un mundo rural a partir de una poesía conceptual y lírica; ha logrado captar las sensaciones y la historia de un pueblecito antiguo que vive sus experiencias más recónditas: / Hoy / entre suspiros milenarios / pueblito / teñido de verde / de amarillo / de tierra / diviso un trío encamotado / guiñando mi saludo/ ¡Oh / prístinas siluetas / hijas de huacos peruanos!/

Los abuelos de mis abuelos

En este texto el poeta Robert Jara es consecuente con la fusión de sus orígenes; le canta a los dos mundos que entretejen su identidad,  su mestizaje.

Es una poesía coloquial que ha elevado la palabra a otras dimensiones.

Al abuelo ancestral lo ubica en el espacio y el tiempo exactos del desarrollo existencial. Es el abuelo creador, el abuelo depositario del conocimiento mítico; lo ensalza, le otorga una verdadera importancia histórica. Se dirige a él con marcada precisión. Escribe sobre un pasado glorioso y su geografía, sobre la creatividad de una cultura profunda y original. Nos recuerda los frutos, las obras de los abuelos antiguos, milenarios, nobles, generosos. Evoca con fuerza a Pakatnamú, ciudadela de barro, pre inca, donde existen vestigios incuestionables de su esplendor y grandeza vigentes. Robert Jara anuncia, a lo largo del texto, abundantes elementos esenciales y autóctonos del lugar,  que permiten al lector, a la vez,  ilustrarse  y gozar con esta creación  bella y cohesionada.

El abuelo occidental, el abuelo barbudo venido del mar,  es tan importante como el abuelo ancestral.

Si bien Robert Jara poéticamente reconoce su aprecio por el abuelo barbudo, lo sienta en el banquillo para cuestionarlo, para juzgarlo desde una perspectiva de la ventaja.

Es una poesía contestataria; la increpación al abuelo hispano es notoria, persistente. El drama del hombre peruano trasunta a través de esta poesía válida, donde los dos ancestros laten y viven fusionados, como un ser nuevo. Robert Jara no puede escapar, ni quiere hacerlo, de esta realidad histórica; y más bien canta, sufre y ama los dos caminos raciales y culturales que ha heredado. El peruano viene de dos culturas, de dos genes, Robert Jara bien lo sabe  y bien lo ha plasmado, como un tributo eterno a la  presencia histórica e inigualable de sus abuelos.

En una poesía donde habita el peruano de la modernidad, el peruano de hoy, complicado, triste y feliz; el emprendedor de nuestro tiempo, el republicano que tiene en su haber un pasado imborrable.

Es una poesía que brinda un mensaje esclarecedor, cuyo contenido se fundamenta en la historia, en la construcción de una cultura auténtica y moderna en la cual se visualiza el idioma, la religión, las costumbres y otros elementos propios de una cultura mestiza, de una cultura peruana que ha sido forjada desde adentro con esfuerzo, con victorias y derrotas.

Nostalgia de barro

Este texto es un volver a la atmósfera familiar: el padre, la madre, los hermanos;  el cerro natural de unos habitantes que aman la tierra, que aman a sus animales, compañeros fieles de sus días humanos y constantes.

Robert Jara ha creado una poesía muy personal para volver a la infancia, para premiarse por haber sido un niño dichoso entre las piedras, los ríos, las chacras, los pájaros, entre una naturaleza hermosa y repleta de sorpresas. Las calles, las casas, los amigos vuelven en su palabra poética; desfilan el tiempo ido, la ternura de los  familiares más cercanos; es, en suma,  una nostalgia de barro; es, una amplia metáfora de la vida, de los días acumulados que jamás volverán,  pero que  perdurarán en los sentimientos, en la lejanía; es una poesía telúrica, fiel a las vivencias y experiencias más cotidianas.

Desfilan en Nostalgia de barro: la cordillera, el sol, la luna, el sauce añoso, el candil nocturno, la pampa, la mujer que se ama con el corazón tierno, la infancia tan aferrada a la memoria;  los niños cercanos, los hermanitos que juguetean en la atmósfera rural; la ilusión y la desilusión del campesino, cuidador de su propia tristeza y de sus animales; las tapias, los caminos, los eucaliptos anunciadores de un paisaje impregnado de sonidos, colores y crepúsculos; la casa familiar, con sus amplios corrales de adobe, la casa de quincha y de barro; papá y mamá acariciando la cabecita de sus niños; los asnos, los burros, los gallos…

Robert Jara ha subido el tono su poesía para trasmitirnos una poesía cálida y tan comprometida con su vida, sus emociones, sus nostalgias y su terruño.

Creo que la vida intensa de Robert Jara ha devenido en un rico imaginario de expresiones donde la poesía ha cumplido su rol: enternecernos y conectarnos con un mundo poético personal que, sin duda, perdurará en el tiempo.
  

Trujillo, 03 de octubre de 2012
(Casa Museo “Juan Félix Cortés Espinosa”)

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[1] Juan Félix Cortes Espinosa (Sullana─Piura, 1944)
Escritor, Crítico Literario, Periodista, Promotor Cultural
Fundador del grupo cultural Runakay
Fundador de la casa museo Juan Félix Cortes Espinosa
Director de la revista Lo que importa es el hombre

Tuesday, December 18, 2012

Antonio Escobar Mendívez


Postal de la nostalgia

El candil de la pena titila en su mirada
Y la calle del hambre va comiendo sus huellas…

Titimico de angustias zigzaguea las auroras,
Desayuna sus lágrimas y ovilla la inocencia
En el bolsillo izquierdo de su pecho.

Aparece su nombre
En el abecedario común de la pobreza
Salpicada de rabia, crispaduras,
Fuerza, paciencia y sorbos de alegría.

Tiene que hacer el milagro del pan cada mañana
Y darles migajitas a sus niños
Con agua azucarada de amor y de sonrisas.

La mesa es un mundillo de palabras,
De bromas inocentes, blasfemias,
Carcajada y rezos.

La cocina humea maternidad
Con cucharas amables.

La paternidad celebra la sazón del abrazo.
Postal de la nostalgia tintineando esperanzas,
Abriéndole el cariño al mediodía.



Patria de tantos caminos

Tierra poblada de sal,
De amarguras y de llanto,
Por ti la voz levanto
Para acabar con el mal.

Eres un gran monumento,
un jardín lleno de luz,
con tristeza en la testuz

y por eso me lamento.
¡Vamos! Ya llegó el momento
de poner punto final.
Que la juventud total
trabaje por sus hermanos
para no decir en vano
Tierra poblada de sal.

Perú, no sigas cayendo,
No queremos verte herido,

Ni de hambre compungido,
Queremos verte ascendiendo.
Revolucionario, ardiendo
Antorchas llenas de encanto.
Perú, derrama tu canto
En la hondura del amor,
Y así borrar el dolor
De amarguras y de llanto.

Patria de tantos caminos
Llena tu pecho de orgullo

Sigue abriendo tu capullo
Con el trabajo divino.
Tu paisaje alabastrino
Ya no se manche de espanto.
Desaparezca el quebranto
Para beber de tu luz
Y cargando con la Cruz
Por ti la voz levanto.

Ya no llores, patria mía
Destierra el hambre del pobre,
Seca lágrimas salobres
Con optimismo y hombría.
Luchemos con valentía
Por todo lo que es vital
Y al ladrón y al criminal
Disfrazado de cordero,
Bótalos al basurero
Para acabar con el mal.

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Antonio Escobar Mendívez (Boca del Río - Jequetepeque, 1945)

Reside en Guadalupe (Semán) desde el año 1969. Desarrolla una amplia labor de promotor cultural. Publica La Miseria y el Hambre, Memoria de los días, Rumor del hambre, Kurur, Remanso de Amor, El grillito Serafín, etc. Es incluido en diversas antologías nacionales. Pertenece a la Asociación de Escritores de Literatura Infantil y Juvenil, a la Agrupación de Decimistas del Perú, al Frente Departamental de Escritores de La Libertad. Pertenece al grupo literario Namul desde el año 2012. Es presidente de RUNAKAY. Actualmente trabaja en la edición del último número de la emblemática revista de literatura Runakay y de su libro Cantar de Cima; ambos, de inminente publicación. E-mail: poetaescobar@hotmail.com
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Miguel Arbildo Ramírez


Un hijo distante

—No te dejes, hombre. Tú eres más grande que ellos…
—No se trata de que soy más grande.
—¿Entonces de qué?
—Entonces nada…
—¡Si sigues de gafo, te tendrán de bombo cuantas veces quieran!

No había modo de lograr que cambie de actitud, a pesar de que con los ojos clamaba que lo dejen tranquilo. Parecía mentira que, él, siendo grueso y tosco no se haya hecho respetar desde el día que llegó, por primera vez, a nuestra aula de sexto.


Al comienzo lo veíamos arrinconado en una carpeta rota. Cuando le preguntamos cuál era su nombre, respondió con una voz que se le caía: “Teodoro Cubillas”. Y todos soltamos la risa diciéndole: ¿Escobilla, dices?


Días después le pusieron apodos, y en vista de que él no decía nada, probaron con insultarle. Lo único que consiguieron fue entristecerle aún más la mirada. Entonces agarraron de costumbre jalonearlo y colgarse por su espalda hasta tumbarlo. Allí en el suelo le hacían cargamontón, entre una bullarada que no había cuándo termine.

—¡Ya déjenlo, pue, no lo frieguen!
—¡Tú cállate! ¡Quieres que te apachurremos también!


Tenía que existir un modo de acabar con su martirio. Me propuse mostrarle el valor de la dignidad. Por lo menos eso. Entonces trabé una amistad con él. “Aquí en la costa, tienes que ser bien vivo. Como habrás visto, aquí nadie se deja fregar, ni el grande ni el chico”. Le contaba historias de personajes heroicos que yo había visto en la televisión. Mientras él me escuchaba, sus ojos revivían. A veces, parecía convencerse de que valía la pena proceder a lo macho y no dejar que se le ponga la mano encima. “Claro pues, Teodoro, así tiene que ser, hombre...” Sonreía, él, sin mirarme a la cara.


Una tarde, mis compañeros de aula lo agarraron a empujones y puñetes. Teodoro apretó la boca, se cubrió la cara con los brazos. ¡Devuélveles, Teodoro, devuélveles! Pero él, en seguida, les ofreció el espinazo. Pujaba como si desde adentro le brotara un antiguo dolor. Al fin lo dejaron todo una lástima.
—Esto no debe quedar así. Lo que te hicieron, no es justo…

Ahora él caminaba callado. Fuimos por una calle borrosa hasta llegar a su casa de adobe. Entramos en uno de los cuartos. En el suelo, había un colchón cubierto con un poncho.

—¿Tu mamá?
—Está lejos. Acá vive mi papá con otra mujer. Todavía no vienen del trabajo, seguro...
El silencio se nos interpuso un momento.
—Oye… la próxima vez que te peguen me meteré a defenderte. Vas a ver...
Teodoro prendió la mirada en el suelo.
— No vale armar pleito— dijo.
—¿Y qué quieres… aguantar maja todo el año? ¡Cobarde, eres; ya me di cuenta!
—No soy cobarde…
—¡Claro que eres cobarde! ¡En verdá no mereces que yo sea tu amigo!
Teodoro tragó saliva.
—No sabes lo que hablas— murmuró.
—¡Claro que sé! ¡Y veo aquí a uno que, además de tarado, parece una mujercita…!
Por primera vez Teodoro me miró resentido, batallando por contener sus lágrimas. Fue a buscar entre sus ropas. Sacó un papel doblado y me lo dio, diciendo:
—Lee.
—¿?
—¡Lee!
Desdoblé el papel, y leí lo siguiente:


huancabamba 13 de julio de 1986


teodoro ijo de mi alma son meses que de ti no se nada no sabes cuanto te estraño as de estar por chiclayo sufriendo y me duele mi corazón que estes aya lejos entre la familia de tu padre


pero hisistes bien al enfrentar aqui a tu padrastro machete a machete hisistes bien ya que el te majaba desde que eras mas churre como lo dejastes manco te anda buscando para la revancha pero no quiero que lo enfrentes ijo, estate por aya asta que el tiempo lo cure todo


no haigas de estar abusando de tus compañeros de escuela tu eres bueno ijo y acuérdate que te quiero como nadies


se despide con un fuerte abrazo tu mama que te quiere mucho


remigia carrasco

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Miguel Arbildo Ramírez (Chiclayo, 1976)

Su niñez transcurre en el distrito la Victoria, donde acopió experiencias frescas y grises, que han pincelado a la mayor parte de su obra. Desde el año 1988 radica en Guadalupe. Se graduó de profesor de lengua y literatura en el ISPP. David Sánchez Infante de San Pedro de Lloc; y posteriormente, de Licenciado en Educación en la universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque. Dentro de su creación cabe mencionar sus obras: El jilguero y otros cuentos, Ruiseñor lejano (cuentos), Brío celta (novela corta). Pertenece al grupo literario Namul desde el año 1997.  Primer puesto categoría cuento en el concurso internacional de novela, cuento y poesía Emiliano Niño Pastor & Ezra Pound

(edición VII, 2012). Actualmente se desempeña como docente de nivel secundario y superior. E-mail: robinmaar@hotmail.com
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