Saturday, March 03, 2007

Homenaje al Poeta Antonio Escobar Mendívez

La envidia es la firma del mediocre
Robert Jara

Filosofía.

Por qué esperar a que alguien se muera para recién reconocer públicamente su aporte al desarrollo cultural de un pueblo.

Fundamento.

Antonio Escobar Mendívez, oriundo de Jequetepeque, el ano ´69 se afinca en la entonces cooperativa agraria Semán, del distrito de Guadalupe. Desde allí se proyecta al Perú y, por que no, al mundo. Se encarga de dejar su huella tanto de creador literario como de promotor cultural, y, como consecuencia casi lógica de esto, de referente literario. La primera huella la forja y consolida con la publicación de casi veinte poemarios personales, en un lapso de casi 40 años, muchos de los cuales captaron la atención seria de la crítica tanto nacional como extranjera. La segunda huella la forja con la puesta en circulación de la ya mítica revista de literatura Runakay (humanidad), la cual pronto se convierte en un medio de difusión popular, que aplaca en parte el tremendo vació editorial que el Perú en esos momentos padecía. Runakay se difunde por todo el Perú (y el extranjero), en un intento por descentralizar la literatura, llegando a convertirse en su momento de mayor apogeo en una revista que era esperada en los pasillos de las universidades, en donde generaba en torno a su presencia y su contenido arduos debates literarios. Es imposible no destacar, a estas alturas, el hecho de que sin Runakay, quizá muchos escritores jamás habrían publicado y por ende jamás habrían ingresado a formar parte del panorama literario regional y/o nacional. Runakay, sin duda funge de rampa, de tabla salvavidas, de plataforma de lanzamiento literario, ya sea auspicioso y prometedor para unos, ya sea de bienvenida y despedida para otros; tal es así que algunos de los escritores que se iniciaron publicando en las páginas de Runakay, hoy, son escritores de gran resonancia nacional e internacional. Esta segunda huella se complementa con la realización del I Encuentro Nacional de Escritores (1986) y el I Encuentro Nacional de Decimitas (1995), los cuales colocaron a Guadalupe en el ojo de la noticia y en la cresta de la ola literaria de todo el Perú; otro de los complementos necesarios mencionar lo representa el centenar de recitales y/o presentaciones de libros, que de manera constante realiza durante 30 años, y que tuvieron como invitados a muchísimos escritores del Perú. La tercera huella la forja fungiendo, sin proponérselo, de referente literario inmediato, casi obligado, de decenas de jóvenes escritores de la zona que urgían de la critica de un escritor con basta experiencia en el difícil arte de escribir, rol que Antonio Escobar Mendívez asume, también, con toda la seriedad que la coyuntura cultural siempre le ha exigido.

¿Se necesita más, acaso, para que el poeta Antonio Escobar reciba un merecido homenaje? No. Antonio Escobar merece, así lo sustenta su quehacer cultural indesmayable, un homenaje en la plenitud de sus capacidades. Antonio Escobar, se ha convertido, no me asusta reconocerlo, en un patrimonio cultural vivo de Guadalupe, por lo que este homenaje, ciertamente promovido por Robert Jara, debe convertirse en el homenaje que le brinda todo un pueblo.

3 comments:

jaime said...

bien, Roberto, el poeta Escobar es sin duda una de las figuras mas resaltantes de Guadalupe y creo que a través de tu "Homenaje" que es el sentir de todo el pueblo, se le rinde tributo a una generación de personalidades que junto a don Antonio, han hecho que nuestro querido Guadalupe este a la vanguardia de la cultura y el progreso.

Robert Jara said...

Gracias jaime. Esa es la idea, pues antonio es un icono de la cultura guadalupana, por lo que el homenaje debe convertirse en un homenaje del pueblo.

Larcery said...

Me hubiese gustado mucho estar presente en el homenaje que se le rindió a nuestro querido poeta Antonio Escobar. No obstante, desde esta lejana y constante cercanía, me adhiero al tributo a un escritor que desde Guadalupe y gracias a un trabajo de hormiga, sigue brindando su innato talento, ahora ya no solo a su región y el Perú sino al mundo entero. Aún, de cuando en vez, hojeo las páginas de su inmortal Runakay; y me siento orgulloso de tener sus palabras escritas. Gracias por todo y saludos a Noemí.
Larcery Díaz Suárez
Chiclayo
larcery@gmail.com