Thursday, December 24, 2009

noche de paz

Y buscaré
la fórmula ideal
para convertir
pena en alegría
y a la humanidad ver feliz.

Papá Noel sueño ser
para poder regalar
a la humanidad
cupos de felicidad
y en sus ojitos llorones
ver estrellitas brillar
y en sus pechitos trsitones
oír coritos cantar.

Llueva lluvia torrencial
y cada gota de amor
toque a la humanidad
y la embriague de amor
y los truenos de la noche
sean canciones de paz
y los relámpagos lejos
la lumbrera universal.

Noche de paz
noche de amor
noche de paz
fiesta universal
noche cuando el ausente presenta se hará
noche cuando el amor con su luz reinará.

Navidad
navidad
noche de paz
noche de amor
fiesta universal.

Tuesday, December 22, 2009

noche buena

La noche buena
me da pena
porque es una sola
hay que esperarla
un año entero para que vuelva

yo cuánto diera
porque la vida fuera
tan simplemente
una noche buena

En noche buena
yo les canto alegre
desde mi terruño
con mi voz de aliento
y de nostalgia por un mundo nueva

yo cuánto diera
por que la vida fuera
tan simplemente
una noche buena

........

Anhelo para todos en esta navidad lo que corea mi breve canción:
"yo cuánto diera porque la vida fuera tan simplemente una noche buena"

Saturday, October 31, 2009

Plaqueta de poesia

Los Abuelos de mis Abuelos

Un texto de Robert Jara Vélez

Siempre he sentido verguenza ajena cuando un poeta durante la presentación de alguno de sus libros termina ofreciendo a los sufridos y heroícos asistentes (los casi siempre 4/5 gatos) un soliloquio de media hora durante el cual no hace sino explicar, hasta arrancar bostezos, todos los pormenores literarios y no literarios que crearon la atmósfera suficiente y necesaria dentro de la cual surgió su obra, por él mismo calificada, sino sutil, descaradamente, genial, imprescindible para la literatura nacional y/o universal. La verborrea explica sin reparos ni contemplaciones cómo surgio su obra, cómo la escribió, cómo la sufrió y/o cómo la gozó, de qué cosa escribe, y por qué escribe sobre esa cosa, etc. En fin, de lo que se trata con dicha presentación es de que los sufridos y heroícos asistentes (especie, en casi vía de extinción) crean que la obra que pronto no comprarán es una verdadera e indiscutible obra de arte gracias al decreto supremo e imparcial emitido por el mísmísimo creador de la obra.

Nada más ocioso, indignante, vergonzoso, patético, etc., que la auto exégesis, que la autolamida de ojo.

¿Por qué a los poetas les cuesta tanto dejar que sus libros se defiendan solos? ¿Por qué les cuenta tanto dejar, en el mejor de los casos, que sus libros sean defendidos por otros lectores?

Por todo lo antes dicho, a raíz de la publicacion personal / digital de mi breve plaqueta "los abuelos de mis abuelos" no me resta sino invitarles a que la ojeen un momento. Y claro, a imprimirla si no terminan tan desanimados.

Wednesday, October 28, 2009

Singularidad 1

Los Albújar y Guarniz, héroes nacionales

Una mañana del 28 de octubre de 1881, tres modestos zapateros, Justo y Fernando Albújar (guadalupanos) y Manuel Guarniz (jequetepecano), se elevaron al palco inasible del valor humano a donde sólo escalan los héroes.

Días antes fueron acusados de los disparos contra un soldado de las huestes chilenas, que se apoltronaron en Guadalupe durante la guerra del pacífico. Los tres artesanos prefirieron el silencio a la delación y la cobardía. Abogaron en todo momento por su inocencia. Y no cedieron su "silencio patriota" ni a la tortura ni al encarcelamiento, y mucho menos a la exigencia invasora de delatar al culpable de los disparos, a quien ellos conocían. Esto les costó ser fusilados en plena plaza de armas del pueblo, como si de malhechores se tratara, llevándose sin titubear a la tumba el nombre del autor de los disparos.

"Los Héroes del Silencio" estamparon su nombre y su loable acto en la historia nacional; acto que cada 28 de octubre Guadalupe revive, rescata de su memoria colectiva.

"Los Albújar y Guarniz" fueron oficialmente reconocidos como héroes nacionales por el estado peruano mediante el decreto ley #23719, un 15/12/1983. Sin embargo el reconocimiento real y efectivo lamentablemente persiste circunscrito al ámbito local; ojalá en un futuro la plana se enmiende y el ejemplo heroíco de "los héroes del silencio" cobre su real dimensión.

Tuesday, October 27, 2009

Singularidades guadalupanas

Todo pueblo tiene en su devenir histórico ciertos eventos, situaciones, y/o personajes que por su trascendencia y singularidad escapan de lo cotidiano y se instalan en la memoria viva y colectiva. Son eventos de exclusividad prominente que se confunden con sueños hechos realidad, que trascienden los colores políticos, sociales, religiosos, etc. Estos sucesos los denomino en mi libro inédito ´(Guadalupe, Tierra Milenaria), singularidades guadalupanas, las cuales iré posteando aquí, en un orden arbitrario.

No es mi afan en esta parte, como sí lo es en el resto del libro, ni analizar ni criticar las singularidades sino tan solo describirlas, exponerlas, puntualizarlas tal como aparecen en el imaginario colectivo.

Thursday, September 10, 2009

El expropiador de información


Cuando se realiza una investigación sobre un tema particular lo primero que uno debe hacer es empaparse sobre el tema. Y para lograrlo es necesario, riguroso recurrir a las fuentes, ya sean orales o escritas. Pero, ¿qué sucede si el acceso a las fuentes no es posible?

La imposibilidad de acceso a la información a veces sucede por que el que la posee no lo permite. Este circunstancial poseedor se convierte en el celoso guardián de la información que coyunturalmente ha caído en sus manos; la amarra, la enreja, la blinda para que nadie mas la posea, no escape de sus dominios. Este proceso de expropiación que sufre la información concluye otorgándole al expropiador cierta importancia cultural a la vez que congela, inutiliza, devalúa a la información misma.

El expropiador hace de la información su tesoro, su trofeo, su caballito de Troya. Y sustenta su importancia como persona en la sola posesión de la misma. En realidad amarra la información por que sospecha que ésta tiene un valor intrínseco, valor que por ósmosis termina transfiriéndose al él. Si bien, de este modo, el valor intrínseco de la información se conserva; su valor potencial pierde la oportunidad de liberarse y concretarse en la realidad, puesto que esto sólo sucede cuando la información se divulga, se democratiza, conceptos poco amigables para un expropiador. Lamentablemente, si el expropiador no hace más que poseer la información, es decir la posesión adquiere un valor en si mismo, podemos decir, en términos prácticos, que la información expropiada no existe.

La importancia inusitada que adquiere el expropiador no solo radica en la posesión misma de la información, sino también en saberse propietario exclusivo. Este gratuito poder le causa satisfacción, al igual que el gratuito poder de negar el acceso a la información. Este poder lo ejerce por medio de un solapado y falso acto de bondad: soltar la información gota a gota, a regañadientes, como quien no quiere la cosa; acto durante el cual se esmera, se asegura en clavar en la conciencia del circunstancial beneficiario la convicción de que ha contraído una deuda, de que ha sido depositario de un favor impagables, y de que por lo tanto debe una gratitud pública.

Si bien la información posee un valor intrínseco (su valor connotativo) también posee un valor potencial. El expropiador amarra la información por que sospecha, intuye, quizá sabe, acerca del valor intrínseco de la información, y en el peor de los casos, por que desea que el valor potencial de la información no se manifieste. Esta última posibilidad no es poco común. Es una posibilidad que se sustenta en el egoísmo, en la mediocridad del expropiador.

¿Qué satisfacción causa el ser propietario exclusivo? ¿Qué satisfacción causa el negar acceso a la información? ¿Qué mueve a una persona a amarrar la información? ¿Qué mueve a una persona a no soltar, no poner a disposición, no democratizar la información?

Saturday, August 15, 2009

El problema de llamarse Guadalupe

Llmarse Guadalupe, en tiempos de globalizacion es un problema. Léase, desventaja. ¿Qué tal si se llamábase Omnep, Anlape, por ejemplo?

Cuando viajé a Puerto Rico (P.R) el año 1998, en Guadalupe había sólo una computadora conectada a Internet; mientras que en P.R la conexión Internet ya era algo normal. Y fue en este contexto que surge como algo lógico, natural, en mí, la idea de elaborar una página web de Guadalupe, ya movido por la nostalgia, ya movido por el fácil acceso a la Internet, ya movido por mi interés de lanzar a mi pueblo al ciberespacio para que lo conozca el mundo entero.

Lo primero que hice cuando estuve frente al computador, con acceso ilimitado a la Internet, fue buscar a Guadalupe. Recuerdo que escribí “Guadalupe”, a secas, inocentemente (ahora lo sé), en el Google; y este me devolvió ciento de coincidencias. Me alegré; pero la alegría me duró poco; se fue esfumando tras cada clic que hacía sobre los enlaces que veíanse en mi pantalla; pues todas las páginas visitadas eran sobre otros guadalupes, o sobre cosas relacionadas a estos otros guadalupes, mas ni una sola era sobre mi Guadalupe querido. Fue entonces que emprendí una búsqueda larga y permanente. Y desde entonces, bajo qué criterio no habré buscado a mi Guadalupe utilizando al más poderoso motor de búsqueda, el Google, y otros muchos: “Guadalupe”, “Guadalupe Perú” “Guadalupe La Libertad” “ Guadalupe Pacasmayo”, “Pakatnamu”, “Namul”, “Anlape”, etc. Pero nada, Google no se cansaba de llevarme a otros Guadalupes.

En aquel periplo de búsqueda me topé con una docena de pueblos que llamábanse Guadalupe regados por el mundo. Empecé a odiar que así sucediera. Recuerdo que el único Guadalupe de Perú que tuve noticia fue del futbolista de la U. ¿Cómo era posible que el futbolista de la U existiera en el ciberespacio y no un pueblo entero de nombre Guadalupe? Esta búsqueda adversa, frustrante, no logró desanimarse. Y es así que en mis ratos libres, en mis ratos de nostalgia, terminaba frente al computador inventando/ repitiendo diversos criterios de búsquedas. Cada vez que dejaba de buscar se reforzaba y tomaba asidero una inevitable realidad: mi Guadalupe no existe en el ciberespacio, mi Guadalupe padece de anonimato cibernético. Fue esta triste realidad la que me empujó crear la primera página integral de Guadalupe.

En una de las tantas sesiones de búsqueda (casi desesperanzadoras) recuerdo que se me ocurrió buscar por: “Raúl Nakasone”. En mi desesperación no sólo buscaba “Guadalupe…”, sino también con todo lo que tuviera alguna conexión con él. Y, bingo: aparece en mi pantalla la página personal de Raúl Nakasone (Raúl Nakasone es un profesor guadalupano que ejerce la docencia universitaria en USA desde hace mas de dos décadas); hurgué rápidamente su contenido, y fue entonces que me topé con un enlace que decía “Guadalupe”(http://academic.evergreen.edu/n/nakasonr/Guada1.htm). No pude contener mi alegría ante el hallazgo. ¡Guadalupe sí existía en el ciberespacio! Era una breve página, la cual aún mantiene la misma envergadura que tenía en el `98.

En aquella época no bastaba con tener una página hospedada en algún servidor para que exista en el ciberespacio. Buscar una página, en estas condiciones, en el inmenso océano de información, era literalmente como buscar una aguja en un pajar. ¿Qué tal si yo no hubiera conocido a Raúl Nakasone? Simplemente jamás hubiera encontrado la página en mención. Sucedía que una página cuya dirección en la Internet (URL) no se divulgaba ex profeso, adrede, en términos prácticos era como si ésta simplemente no existiese; pues era necesario a parte de hospedarla en un servidor, publicitarla manualmente; es decir, era necesario pasar el URL de la pagina a todos los contactos posibles, inscribir el URL en los diversos directorios, portales, etc. Y aún así, este arduo trabajo no garantizaba sacar del anonimato inmediatamente una página nueva. Una página cuyo URL nadie o casi nadie conocía, era similar a tener una casa cuya dirección (el cómo llegar a ella) no se la he dado a nadie. Unos anos después esta tarea manual, gracias a Google, se hizo automática; Google creo un software que reconoce y detecta automáticamente la información nueva que ha sido subida al ciberespacio, y actualiza su base de datos. Pero aún así, hay que promocionar la página personalmente, ya no para que esta sea incluida en la base de datos (en el directorio de la web) sino para promoverla, colocarla en un lugar privilegiado de la base de datos, y su ubicación sea mucho mas fácil y directa.

Tiempos después fui hallando otras páginas donde se mencionaba, se hacía referencia tangencialmente a Guadalupe; situación que se testimonia en mi página (renovada) sobre Guadalupe:

"Este tributo se encandila debido a tu presencia diminuta y fragmentada en el ciberespacio. Es frustrante buscarte por horas, utilizando los mas poderosos "ingenios de búsqueda cibernética" y tan sólo encontrar fragmentos, tímidos aristas, leves pinceladas y jirones de tu carne esparcidos por disímiles rincones.

Sólo anhelo con este sencillo tributo estampar tu peculiar personalidad e idiosincrasia en el ciberespacio, como un todo, como un ente integral, sistemático y vivo: todo de ti en un solo sitio.

Para tal empresa, por supuesto, también he predispuesto del material informativo disperso por toda la red, por lo que profeso un reconocimiento colectivo.

Una vez creada mi página Guadalupe, Tierra Milenaria el siguiente objetivo fue posicionarla en un lugar privilegiado en el ciberespacio, en el índice de búsqueda de Google. Este trabajo no ha sido en vano, al cabo de unos años mi trabajo ha rendido algunos frutos: he visto posicionarse a Guadalupe, poco a poco (y en particular las paginas por mi administradas), hasta verla parecer sin mucho problemas tras hacer una búsqueda simple. Hoy es algo natural buscar en Google “Guadalupe Perú” y esperar que aparezcan los diversos enlaces a páginas sobre Guadalupe, a la vez que parece increíble creer que en el `98 bajo este mismo criterio no aparecía casi nada especifico; he visto también al correr de los años, con alegría (y con tristeza,) que otros cibernautas alimentan sus páginas desde la mía (es decir, usan la información consignada en Guadalupe, Tierra Milenaria sin siquiera mencionarla: el típico silenciamiento casual o adrede); me he enterado, también, por terceros, que mi pagina es visitada frecuentemente por los alumnos de las diferentes escuelas y colegios de Guadalupe para realizar la tarea que sus profesores les encomiendan. Esto ultimo no permite que olvide mi compromiso de mejorar mi pagina, especialmente en cuanto a información básica se refiere; lamentablemente resulta que no es tan fácil mantener una pagina sin el apoyo de terceros (el cual, por cierto, nunca lo he tenido), pues me demanda mucho más tiempo del que actualmente dispongo."
Ya de vuelta al Perú, he seguido trabajando silenciosamente en promocionar y posicionar mejor a mi pueblo en el ciberespacio. Es gratificante para mí saber que actualmente cualquier cibernauta del mundo pueda llegar a mi pueblo con solo escribir “Guadalupe Perú” no solo en Google sino también en los diversos motores de búsqueda. Mi anhelo es que un día baste con escribir “Guadalupe” (a secas) para que el enlace que nos lleve a Guadalupe (y por qué no a Guadalupe, Tierra Milenaria) aparezca encabezando la lista de resultados que nos devuelve el Google, el motor de búsqueda mas poderoso del mundo, arrebatándole así el lugar privilegiado, que aun tienen por puesta de mano esos otros guadalupes existentes en el ciberespacio.

En este contexto es que siento molestia de que mi pueblo se llame Guadalupe, pues de haberse llamado Omnep, Anlape, etc. hubiera sido (debido a que condición de nombres propios y únicos) mil veces más fácil llegar a mi pueblo en el ciberespacio. Por ejemplo, Huanchaco, Chepen, etc., son pueblos con nombres únicos, sin par en el mundo, que no sufren la desventaja que sufre Guadalupe; es decir, basta con escribir Huanchaco, Chepen en Google para obtener con certeza todas los enlaces referentes a dichos pueblos; Guadalupe no tiene este privilegio. Por otro lado, ¿el tener un nombre (toponímico) como Anlape, Omnep, no nos ayudaría acaso a olvidar menos (sino, a olvidar a secas) el lado más olvidado de nuestra herencia genético cultural? Eh ahí las dos razones fundamentales y suficientes en que se ampara mi afirmación (ya osada, ya atrevida, ya juguetona, depende de donde y como se la mire) que me haría digno candidato para ser sacado en burro de mi pueblo, al que amo libre de vendas, libre de todo arrebato chovinista: eso de llamarse Guadalupe, en tiempos de globalización, perdonen los guadalupanistas, sí que es un problema.