Monday, April 15, 2013

A ORILLAS DEL ARROZAL por Gerson Ramirez


LITERATURA CON SABOR A TIERRA FÉRTIL

Cada vez que visito por primera vez un pueblo de mi país, busco si quién sabe tiene algo de parecido con el mío: a lo mejor cañaverales, o un río cercano que en el otoño discurra apacible, o tal vez solo un cerro emblemático, al que sus pobladores miran con regocijo y espíritu de leyenda. Y si es así, me siento más cercano a todo lo que me rodea. Y ahora estoy aquí en Guadalupe para referirme brevemente a lo que pienso de la literatura, a propósito de la publicación del libro “A orillas del arrozal”, de los integrantes del grupo NAMUL.

Creo que nada es más importante ni más hermoso para un niño que oír de sus mayores, alguna nueva historia, no importa de qué lugar del mundo ni de qué región de tu país, pues solo basta un espíritu entusiasta que nos  guíe por el sendero de la imaginación, y alguien dispuesto a escuchar. Y es así cómo la literatura nos colma el corazón de infinita alegría y despierta en nuestra alma profundos sentimientos.

En las historias de “A orillas del arrozal” se fusiona una variedad de experiencias vitales que tienen siempre como referente elambiente pueblerino y rural. Sin embargo, no debemos tener el prejuicio estético contra aquellas expresiones literarias configuradas en base a patrones culturales regionales. Más bien, la literatura producida en estos pueblos debe servir de punto de partida para forjar un nuevo concepto de literatura peruana.

El lenguaje coloquial de estas historias se enriquece con los recursos expresivos de la tradición oral. Por eso encontramos en los cuentos de Josué Vallejos alusiones a un medio social caótico y violento, además de ribetes de leyenda con brujos y demonios como en su cuento “El arapuma”. Y en las historias “La niña de blanco” y “El jilguero” de Miguel Arbildo apreciamos cómo el recuerdo se convierte en añoranza y la añoranza en ficción, en un medio rural lleno de fantasía y coloquialismo.

En “El arcoíris quiso llevarme” de Antonio Escobar, la literatura toma aires de denuncia social, de reivindicación, pero también de esperanza; además de plasmar reflexiones nostálgicas acerca del tiempo y sus marcas indelebles en el alma del hombre. Y en las historias de Robert Jara destacamos sus descripciones   de aliento poético, como en “Olor a paja” y “Las eras arden a lo lejos”, así como  su crítica mordaz contra el academicismo de algunos intelectuales que a veces le ponen cadenas a la hermosa libertad de las palabras sencillas: tierra, lluvia, pan.

Y la pregunta de esta tarde sería, ¿para qué sirve la literatura? Y aquí recuerdo lo que el maestro José María Arguedas afirmaba: “Debemos educar teniendo como base la memoria colectiva de los pueblos”. Él se refería a que los mitos, leyendas, relatos y canciones populares deben emplearse como fuente para la formación integral de los niños y jóvenes. Así entenderemos quién es nuestra patria y hacia dónde vamos. Y de ese coloquialismo, oralidad y mundo legendario se impregnan las historias del  libro “A orillas del arrozal”, del grupo literario NAMUL.

Quiero terminar citando lo que le dice el arcoíris  a Eleuterio en uno de los cuentos de Antonio Escobar: “No tengas miedo Eleuterio. Desde ahora va a cambiar tu suerte; serás rico y tendrás cosechas abundantes; aquí no solo parirá el arroz espigas de oro; sino toda planta que siembres brotará y dará frutos”.

Y esta obra es el nuevo fruto intelectual de esta tierra.

                                                                               Guadalupe, 11 de abril de 2013

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Gerson Ramírez  Avila (Laredo, La Libertad, 1969)


Licenciado en lengua y literatura por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Profesor del Departamento de Letras de la Universidad Privada del Norte, en Trujillo. Ha publicado los libros de cuentos Expediente secreto (2003), Los intrusos (2004),  Cenaremos en Madrid (2009), Cuentos de la Campiña(2012),  y la novela El Oráculo de Diofanto (2013).

Miembro del Grupo Cultural Papel de Viento y del Frente de Escritores de La Libertad.

Ha sido incluido en la muestra Narrativa de la libertad (Ediciones Altazor, 2009). Sus cuentos y crónicas se han publicado en los diarios La Primera y La Industria de Trujillo, y en el blog Marea Cultural.

Segundo premio en cuento en el IV Juegos Florales Luis Hernández Camarero de la UNT (1994). Primer Premio en cuento en el V Juegos Florales Luis Hernández Camarero (UNT, 1996)
  

Wednesday, March 20, 2013

NOSTALGIA DE BARRO por Francisco Moreno Ruiz


Conocí a Robert Jara en Huamachuco, la tierra que me vio crecer y en la que, solícita y complaciente, aún habita toda mi niñez. Volví a conocer a Robert Jara una mañana de lluvia, cuando empecé a leer su libro, escuchando el eco de la gotera, advirtiendo el progreso de aquellos hilos de agua que arañan la tierra y alimentan los ríos; una mañana donde los gatos buscaban cobijo, mientras los truenos arremetían bruscamente, y el fiero viento hacía ulular las frazadas del tendedero, cerca de un triste horno de barro, que majestuosamente y con la más alta valentía espera su muerte. Aquella mañana, Robert era un niño y, súbitamente, yo también lo era.

Nostalgia de barro es el mejor homenaje que se le puede hacer al pueblo en el que la niñez saboreó infinitas emociones, entre polvorientas callecitas, escuchando de qué manera los gallos / trizan el silencio, percibiendo un coro de pasitos / laboriosos y apurados.

Nostalgia de barro, no es un libro; es, más bien, un pueblito hecho libro. Éste se constituye de tres libros independientes: Cantata al silencio, Los abuelos de mis abuelos, y Nostalgia de Barro. Desde el inicio, uno se sumerge en un océano de recuerdos y aventuras que evocan el tiempo y el espacio, acompañado por diversos senderos, donde vemos el campo, oteamos el humo que emerge de las casas, apreciamos el vuelo de las aves. Caminamos con el poeta y sentimos su mundo, nos hacemos parte de su vida, somos uno y a la vez somos todo. Somos polvo, somos arena, somos campo, somos cerro, somos día y noche, somos abuelos, padres e hijos. Somos luna y sol, y cuando somos playa y dejamos de silbar, nuevamente, siendo sol y luna, lloramos.

Robert Jara, es consecuente y demuestra, a través de una adecuada y elaborada lírica, la grandeza de su pueblo, su identidad, su origen. El autor rinde homenaje al abuelo ancestral, la nobleza de éste y la fortaleza con la que recoge los embates del destino. También reconoce al abuelo que vino del mar.

Interroga a sus antepasados, al abuelo ancestral y al que se esconde entre la barba. Al primero le dice: Abuelo / cuéntame de tus playas / tus valles / tus cerros / de esos labios / de esos vientres / de esas tetas / en fin / de todas tus yuntas milenarias; al segundo: Por qué abuelo / saliste del mar echando espuma / por qué regaste pólvora / en vez de caricias. Robert Jara insiste y continúa: Por qué me diste el respiro / entre gallos y medias noches, entre orgullos esquirlados / robando besos / extirpando idolatrías / navegando ríos de sangre. El poeta no puede esquivar su pasado, no puede negarlo. El poeta reconoce su origen, el dolor, el sufrimiento.

La historia relata sucesos y trata de explicar, en base a fuentes, cómo sucedieron determinados hechos. El poeta conversa con los personajes de la historia, lo sigue haciendo y no se detiene, avanza y fortalece su identidad, sigue creciendo, se desenvuelve en su patria; es nieto, y continúa creciendo. Pero… / lo siento abuelo barbudo / será de mi abuelo acallado / mi lápiz / y mi voz / sólo hasta que su sangre / ya no sea un topo / ya no sea un pez / y cante / a dúo contigo / codo a codo / oreándose y / meciéndose / en las olas de mi pellejo.

En esta nueva poesía, de contexto costeño y norteño, se reúnen variados elementos. Robert Jara nos acerca a lo sublime, al dolor, a la verdad. La atmósfera se hace dulce cuando el poeta nos acerca a su niñez, nos presenta a su padre, a su madre, sus hermanos. Ama su tierra, ama su vida. Su poesía vivifica al campo, al arado, al gallo negro, a la piedra, a la tribu, al pan, al arroz, a la sopa…

Mamá mientras llora mastica un trozo de pan, un poco de arroz, un poco de sopa. Y siempre, desde siempre, alguna lágrima húndese en su boca.

Sin duda, Nostalgia de barro es un libro que nos introduce en la tierra del poeta. Somos elementos del pueblito y lo valoramos tanto como el poeta lo hace.

La sensación que queda, luego de haber leído el libro, subrayado algunos párrafos, resaltado frases, es volver a leerlo. Sin embargo, puedo dar testimonio y tener la certeza que el pueblito sigue siendo hermoso, y lo seguirá siendo. Conocer el pueblito es ahora otro de mis anhelos. Por ello, al igual que Robert Jara, el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestra tierra es quererla y apreciarla. Somos un país muy complejo, somos una patria hermosa. Robert Jara es un ejemplo de compromiso y la difusión de su obra es importante para toda nuestra sociedad. Desde Huamachuco, enviemos un abrazo y muchos éxitos a este gran poeta.


Huamachuco, marzo de 2013

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Francisco Moreno Ruiz (Huamachuco – La Libertad)
Estudió Gestión Cultural e en el  MALI (Museo de Arte de Lima)
Estudia  Ciencias Sociales – Historia en la UNMSM

Friday, January 18, 2013

NOSTALGIA DE BARRO por Juan Félix Cortés Espinosa


El libro de poesía Nostalgia de Barro del poeta Robert Jara consta de tres partes: Cantata al silencio, Los abuelos de mis abuelos y Nostalgia de barro.

La obra está editada pulcramente por el sello Ornitorrinco que dirige el poeta Ricardo Ayllón, y tiene 78 páginas. La imagen de portada: Músicos de Cajamarca es un óleo sobre tela y pertenece al artista plástico Cleto Carpio Dávila (CARDAC);  las ilustraciones de solapa e interiores son tramas en blanco y negro a partir de fotografías de Robert Jara; el diseño de cubierta pertenece a Juan López Morales.

Cantata al silencio

Robert Jara ha escrito una poesía constante que se remonta a la infancia; el personaje principal es el pueblecito que cobija sus recuerdos y sus olvidos; el cerro Namul se avizora con su propia tradición como un símbolo de la naturaleza, vinculado a las raíces ancestrales.

Es una poesía a veces simbólica, a veces comprometida, donde el poeta se desplaza mágicamente para describir su hábitat, su espacio perdido y encontrado en su espíritu creador; es una poesía que rescata las calles polvorientas, aquella atmósfera rural donde aparecen: los pájaros, la lluvia, los árboles, la brisa del mar, las auroras y los crepúsculos. Es el amor del poeta a su terruño quien lo convoca  a escribir; de ahí que Cantata al silencio sea un canto a la naturaleza, al paisaje agrario, donde la inocencia y la ternura se fusionan en el tiempo. La soledad, el silencio y una inadvertida violencia del pueblecito de Robert Jara nos permiten conocer a los protagonistas que se desarrollan en las formas breves y que dan unidad y coherencia al texto. A veces encontramos versos de estilo vallejiano: “de la cintura soleada y tristona”, “cobrizos zancudos”. Robert Jara une conceptos para lograr expresar con eficacia el contenido poético.

La tristeza de lo rural, se percibe en algunos fragmentos: lugubredad / cada poro / cada hueso chupa y escupe/

El pueblecito yace marginado, solitario, triste, callado, sin embargo es visitado por lechuzas, moscones, gatos, grillos,  luciérnagas; es un pueblecito signado por la rutina que paradójicamente lo hace distinto.

Cuando escribe /Ignoro / a dónde / el sol / se iría a llorar/ filosofa y percibe cotidianamente la realidad circundante y descubre en carne propia una existencia relativa que resulta ser un apuro por vivir en una plañidera tarde, tal como afirma poéticamente.

En el pueblecito la tragedia y el drama no están ausentes, como no están ausentes los algarrobos centenarios, las bandadas de pájaros que  inundan los árboles; el poeta insistentemente evoca a su cerro Namul, y se apropia de su magia y de su esencia perdurable.

En el pueblecito el sol y la luna son testigos de las costumbres, tradiciones y leyendas.

Robert Jara ha logrado una poesía personal y telúrica; ha logrado expresar un mundo rural a partir de una poesía conceptual y lírica; ha logrado captar las sensaciones y la historia de un pueblecito antiguo que vive sus experiencias más recónditas: / Hoy / entre suspiros milenarios / pueblito / teñido de verde / de amarillo / de tierra / diviso un trío encamotado / guiñando mi saludo/ ¡Oh / prístinas siluetas / hijas de huacos peruanos!/

Los abuelos de mis abuelos

En este texto el poeta Robert Jara es consecuente con la fusión de sus orígenes; le canta a los dos mundos que entretejen su identidad,  su mestizaje.

Es una poesía coloquial que ha elevado la palabra a otras dimensiones.

Al abuelo ancestral lo ubica en el espacio y el tiempo exactos del desarrollo existencial. Es el abuelo creador, el abuelo depositario del conocimiento mítico; lo ensalza, le otorga una verdadera importancia histórica. Se dirige a él con marcada precisión. Escribe sobre un pasado glorioso y su geografía, sobre la creatividad de una cultura profunda y original. Nos recuerda los frutos, las obras de los abuelos antiguos, milenarios, nobles, generosos. Evoca con fuerza a Pakatnamú, ciudadela de barro, pre inca, donde existen vestigios incuestionables de su esplendor y grandeza vigentes. Robert Jara anuncia, a lo largo del texto, abundantes elementos esenciales y autóctonos del lugar,  que permiten al lector, a la vez,  ilustrarse  y gozar con esta creación  bella y cohesionada.

El abuelo occidental, el abuelo barbudo venido del mar,  es tan importante como el abuelo ancestral.

Si bien Robert Jara poéticamente reconoce su aprecio por el abuelo barbudo, lo sienta en el banquillo para cuestionarlo, para juzgarlo desde una perspectiva de la ventaja.

Es una poesía contestataria; la increpación al abuelo hispano es notoria, persistente. El drama del hombre peruano trasunta a través de esta poesía válida, donde los dos ancestros laten y viven fusionados, como un ser nuevo. Robert Jara no puede escapar, ni quiere hacerlo, de esta realidad histórica; y más bien canta, sufre y ama los dos caminos raciales y culturales que ha heredado. El peruano viene de dos culturas, de dos genes, Robert Jara bien lo sabe  y bien lo ha plasmado, como un tributo eterno a la  presencia histórica e inigualable de sus abuelos.

En una poesía donde habita el peruano de la modernidad, el peruano de hoy, complicado, triste y feliz; el emprendedor de nuestro tiempo, el republicano que tiene en su haber un pasado imborrable.

Es una poesía que brinda un mensaje esclarecedor, cuyo contenido se fundamenta en la historia, en la construcción de una cultura auténtica y moderna en la cual se visualiza el idioma, la religión, las costumbres y otros elementos propios de una cultura mestiza, de una cultura peruana que ha sido forjada desde adentro con esfuerzo, con victorias y derrotas.

Nostalgia de barro

Este texto es un volver a la atmósfera familiar: el padre, la madre, los hermanos;  el cerro natural de unos habitantes que aman la tierra, que aman a sus animales, compañeros fieles de sus días humanos y constantes.

Robert Jara ha creado una poesía muy personal para volver a la infancia, para premiarse por haber sido un niño dichoso entre las piedras, los ríos, las chacras, los pájaros, entre una naturaleza hermosa y repleta de sorpresas. Las calles, las casas, los amigos vuelven en su palabra poética; desfilan el tiempo ido, la ternura de los  familiares más cercanos; es, en suma,  una nostalgia de barro; es, una amplia metáfora de la vida, de los días acumulados que jamás volverán,  pero que  perdurarán en los sentimientos, en la lejanía; es una poesía telúrica, fiel a las vivencias y experiencias más cotidianas.

Desfilan en Nostalgia de barro: la cordillera, el sol, la luna, el sauce añoso, el candil nocturno, la pampa, la mujer que se ama con el corazón tierno, la infancia tan aferrada a la memoria;  los niños cercanos, los hermanitos que juguetean en la atmósfera rural; la ilusión y la desilusión del campesino, cuidador de su propia tristeza y de sus animales; las tapias, los caminos, los eucaliptos anunciadores de un paisaje impregnado de sonidos, colores y crepúsculos; la casa familiar, con sus amplios corrales de adobe, la casa de quincha y de barro; papá y mamá acariciando la cabecita de sus niños; los asnos, los burros, los gallos…

Robert Jara ha subido el tono su poesía para trasmitirnos una poesía cálida y tan comprometida con su vida, sus emociones, sus nostalgias y su terruño.

Creo que la vida intensa de Robert Jara ha devenido en un rico imaginario de expresiones donde la poesía ha cumplido su rol: enternecernos y conectarnos con un mundo poético personal que, sin duda, perdurará en el tiempo.
  

Trujillo, 03 de octubre de 2012
(Casa Museo “Juan Félix Cortés Espinosa”)

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[1] Juan Félix Cortes Espinosa (Sullana─Piura, 1944)
Escritor, Crítico Literario, Periodista, Promotor Cultural
Fundador del grupo cultural Runakay
Fundador de la casa museo Juan Félix Cortes Espinosa
Director de la revista Lo que importa es el hombre

Tuesday, December 18, 2012

Antonio Escobar Mendívez


Postal de la nostalgia

El candil de la pena titila en su mirada
Y la calle del hambre va comiendo sus huellas…

Titimico de angustias zigzaguea las auroras,
Desayuna sus lágrimas y ovilla la inocencia
En el bolsillo izquierdo de su pecho.

Aparece su nombre
En el abecedario común de la pobreza
Salpicada de rabia, crispaduras,
Fuerza, paciencia y sorbos de alegría.

Tiene que hacer el milagro del pan cada mañana
Y darles migajitas a sus niños
Con agua azucarada de amor y de sonrisas.

La mesa es un mundillo de palabras,
De bromas inocentes, blasfemias,
Carcajada y rezos.

La cocina humea maternidad
Con cucharas amables.

La paternidad celebra la sazón del abrazo.
Postal de la nostalgia tintineando esperanzas,
Abriéndole el cariño al mediodía.



Patria de tantos caminos

Tierra poblada de sal,
De amarguras y de llanto,
Por ti la voz levanto
Para acabar con el mal.

Eres un gran monumento,
un jardín lleno de luz,
con tristeza en la testuz

y por eso me lamento.
¡Vamos! Ya llegó el momento
de poner punto final.
Que la juventud total
trabaje por sus hermanos
para no decir en vano
Tierra poblada de sal.

Perú, no sigas cayendo,
No queremos verte herido,

Ni de hambre compungido,
Queremos verte ascendiendo.
Revolucionario, ardiendo
Antorchas llenas de encanto.
Perú, derrama tu canto
En la hondura del amor,
Y así borrar el dolor
De amarguras y de llanto.

Patria de tantos caminos
Llena tu pecho de orgullo

Sigue abriendo tu capullo
Con el trabajo divino.
Tu paisaje alabastrino
Ya no se manche de espanto.
Desaparezca el quebranto
Para beber de tu luz
Y cargando con la Cruz
Por ti la voz levanto.

Ya no llores, patria mía
Destierra el hambre del pobre,
Seca lágrimas salobres
Con optimismo y hombría.
Luchemos con valentía
Por todo lo que es vital
Y al ladrón y al criminal
Disfrazado de cordero,
Bótalos al basurero
Para acabar con el mal.

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Antonio Escobar Mendívez (Boca del Río - Jequetepeque, 1945)

Reside en Guadalupe (Semán) desde el año 1969. Desarrolla una amplia labor de promotor cultural. Publica La Miseria y el Hambre, Memoria de los días, Rumor del hambre, Kurur, Remanso de Amor, El grillito Serafín, etc. Es incluido en diversas antologías nacionales. Pertenece a la Asociación de Escritores de Literatura Infantil y Juvenil, a la Agrupación de Decimistas del Perú, al Frente Departamental de Escritores de La Libertad. Pertenece al grupo literario Namul desde el año 2012. Es presidente de RUNAKAY. Actualmente trabaja en la edición del último número de la emblemática revista de literatura Runakay y de su libro Cantar de Cima; ambos, de inminente publicación. E-mail: poetaescobar@hotmail.com
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Miguel Arbildo Ramírez


Un hijo distante

—No te dejes, hombre. Tú eres más grande que ellos…
—No se trata de que soy más grande.
—¿Entonces de qué?
—Entonces nada…
—¡Si sigues de gafo, te tendrán de bombo cuantas veces quieran!

No había modo de lograr que cambie de actitud, a pesar de que con los ojos clamaba que lo dejen tranquilo. Parecía mentira que, él, siendo grueso y tosco no se haya hecho respetar desde el día que llegó, por primera vez, a nuestra aula de sexto.


Al comienzo lo veíamos arrinconado en una carpeta rota. Cuando le preguntamos cuál era su nombre, respondió con una voz que se le caía: “Teodoro Cubillas”. Y todos soltamos la risa diciéndole: ¿Escobilla, dices?


Días después le pusieron apodos, y en vista de que él no decía nada, probaron con insultarle. Lo único que consiguieron fue entristecerle aún más la mirada. Entonces agarraron de costumbre jalonearlo y colgarse por su espalda hasta tumbarlo. Allí en el suelo le hacían cargamontón, entre una bullarada que no había cuándo termine.

—¡Ya déjenlo, pue, no lo frieguen!
—¡Tú cállate! ¡Quieres que te apachurremos también!


Tenía que existir un modo de acabar con su martirio. Me propuse mostrarle el valor de la dignidad. Por lo menos eso. Entonces trabé una amistad con él. “Aquí en la costa, tienes que ser bien vivo. Como habrás visto, aquí nadie se deja fregar, ni el grande ni el chico”. Le contaba historias de personajes heroicos que yo había visto en la televisión. Mientras él me escuchaba, sus ojos revivían. A veces, parecía convencerse de que valía la pena proceder a lo macho y no dejar que se le ponga la mano encima. “Claro pues, Teodoro, así tiene que ser, hombre...” Sonreía, él, sin mirarme a la cara.


Una tarde, mis compañeros de aula lo agarraron a empujones y puñetes. Teodoro apretó la boca, se cubrió la cara con los brazos. ¡Devuélveles, Teodoro, devuélveles! Pero él, en seguida, les ofreció el espinazo. Pujaba como si desde adentro le brotara un antiguo dolor. Al fin lo dejaron todo una lástima.
—Esto no debe quedar así. Lo que te hicieron, no es justo…

Ahora él caminaba callado. Fuimos por una calle borrosa hasta llegar a su casa de adobe. Entramos en uno de los cuartos. En el suelo, había un colchón cubierto con un poncho.

—¿Tu mamá?
—Está lejos. Acá vive mi papá con otra mujer. Todavía no vienen del trabajo, seguro...
El silencio se nos interpuso un momento.
—Oye… la próxima vez que te peguen me meteré a defenderte. Vas a ver...
Teodoro prendió la mirada en el suelo.
— No vale armar pleito— dijo.
—¿Y qué quieres… aguantar maja todo el año? ¡Cobarde, eres; ya me di cuenta!
—No soy cobarde…
—¡Claro que eres cobarde! ¡En verdá no mereces que yo sea tu amigo!
Teodoro tragó saliva.
—No sabes lo que hablas— murmuró.
—¡Claro que sé! ¡Y veo aquí a uno que, además de tarado, parece una mujercita…!
Por primera vez Teodoro me miró resentido, batallando por contener sus lágrimas. Fue a buscar entre sus ropas. Sacó un papel doblado y me lo dio, diciendo:
—Lee.
—¿?
—¡Lee!
Desdoblé el papel, y leí lo siguiente:


huancabamba 13 de julio de 1986


teodoro ijo de mi alma son meses que de ti no se nada no sabes cuanto te estraño as de estar por chiclayo sufriendo y me duele mi corazón que estes aya lejos entre la familia de tu padre


pero hisistes bien al enfrentar aqui a tu padrastro machete a machete hisistes bien ya que el te majaba desde que eras mas churre como lo dejastes manco te anda buscando para la revancha pero no quiero que lo enfrentes ijo, estate por aya asta que el tiempo lo cure todo


no haigas de estar abusando de tus compañeros de escuela tu eres bueno ijo y acuérdate que te quiero como nadies


se despide con un fuerte abrazo tu mama que te quiere mucho


remigia carrasco

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Miguel Arbildo Ramírez (Chiclayo, 1976)

Su niñez transcurre en el distrito la Victoria, donde acopió experiencias frescas y grises, que han pincelado a la mayor parte de su obra. Desde el año 1988 radica en Guadalupe. Se graduó de profesor de lengua y literatura en el ISPP. David Sánchez Infante de San Pedro de Lloc; y posteriormente, de Licenciado en Educación en la universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque. Dentro de su creación cabe mencionar sus obras: El jilguero y otros cuentos, Ruiseñor lejano (cuentos), Brío celta (novela corta). Pertenece al grupo literario Namul desde el año 1997.  Primer puesto categoría cuento en el concurso internacional de novela, cuento y poesía Emiliano Niño Pastor & Ezra Pound

(edición VII, 2012). Actualmente se desempeña como docente de nivel secundario y superior. E-mail: robinmaar@hotmail.com
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Josué Vallejos Vásquez


1

Regreso a mi lar
con mis ojos vacíos.
Hambriento de ti

te busco
con mi fuerza indómita
desplegando
mi luz de sol
mas no te encuentro.

4

Las nubes
extinguen mi esperanza.
Las aves
caen al vacío
y el sol en su desgracia
huye hacia la mar.
El día nefasto
produce letargo en mi mundo
que rueda a su desventura.
Mi corazón

vuela delirante
tras de mi gaviota
de muelle y de mar
en la brisa de la vida.

9

El licor se coagula en mis venas
turbándome

con el averno de su pasión.
Su imagen me consume
sin rumor
y muero despacio
entre las sombras del silencio.

17

Al conjuro de tu amor
bandadas de deseos

despiertan
en la noche.
Presurosos versos
se esparcen en el aire
y se arrojan
por las hendijas de tu cuerpo
con mi caudal fuera de cauce
disipándose en tu alma.

21

Encadenado a mis fracasos
contemplo la transfiguración de los pájaros
que danzan al ritmo de vientos milenarios.
Quiero encerrarlo en la magia de mis ojos

sepultarlo en los abismos de mi pecho
con devoción de música azul
compás eterno de un coro infernal.

32

Mariposa de invierno
vibración
del firmamento.
Fantaseo en tu regazo
con tus férvidos besos
de muerte y gloria.
Quiero recoger tu néctar
hálito de vida
regarlo sobre mis labios
plebeyos de tu boca.

35

El invierno
la brisa y el mar
me llevan
al génesis
de nuestro destino
para amarnos
en el iris inquebrantable
de tus ojos.

38

Camino
a golpe de aventura
como ardiente fuerza
de río aventarrado.
El monstruo de mis versos
se pasea sobre la música
de mi canto aventurero
en la oleada corriente
del río de mi desierto.
Los cautivos elementos
me llevan en andas
de zarza
arrozales
moras
y alas de cóndor
peregrinando
en la nota grave
de un acordeón.
Tal vez desde mi fosa
salgan versos
como palomas
en el ocaso de una oración.

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Josué Vallejos Vásquez. (Guadalupe, 1977)

Estudia Lengua y Literatura en el ISPE David Sánchez Infante (San Pedro de Lloc). Culmina estudios de pedagogía en la Universidad Nacional de Cajamarca, donde actualmente realiza una maestría. Edita la revista política Nuevo amanecer (2001). Funda el Grupo Literario Voces; y dirige la revista literaria El Heraldo (Chepén, 2002). Posee un postgrado en Docencia Universitaria, y uno en Administración y Gerencia Educativa (Universidad Nacional La Cantuta). Pertenece al grupo literario Namul desde el año 1997. En el año 2011 se integra a la UHE (Unión Hispanoamericana de Escritores). Publica El corcel de colores y el abuelo Baltazar (cuento premiado por el INC filial Guadalupe), 1999; Rastros (cuentos), 2008; Ficciones de un pajarillo (cuentos), 2011. E-mail: josv_leo@hotmail.com / Blog: elindionamul.blogspot.com
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Tuesday, November 27, 2012

VIII jueves literario - G.L Namul

MIGUEL ANGELATS QUIROZ , RECARGADO

Comparto con ustedes este trabajo de rescate y difusión, labor que vengo realizando desde hace buen tiempo. Es el primer intento (editorial) por presentar al público la obra, injustamente postergada, del vate guadalupano.

En CUATRO MÁS, plaqueta de poesía donde rescato a 04 nuevos poetas guadalupanos, incluyo a Miguel Angelats, con 06 poemas de su autoría. Esta obra fue presentada y difundida en el mes de julio, como un adelanto de SIMPLEMENTE ANGELATS.

SIMPLEMENTE ANGELATS, plaqueta de poesía del vate trilciano, Miguel Angelats Quiroz, fue presentada por primera vez el sábado 17 de noviembre de 2012 en el VI ENCUENTRO NACIONAL DE LITERATURA “VIRGILIO PURIZAGA AZNARAN” realizado en la ciudad de San Pedro de Lloc.

SIMPLEMENTE ANGELATS será presentada en el VIII JUEVES LITERARIO que se llevará a cabo en la ciudad de Guadalupe, tierra natal del vate, este jueves 29 de noviembre.

SIMPLEMENTE ANGELATS, consta de:

Texto introductorio: Robert jara

Comentarios críticos (breves): Ricardo Ayllón, Antonio Escobar, Alíndor Terán, Alberto Alarcón, Juan Paredes Carbonell., Saniel Lozano, Eduardo Paz Esquerre.

Poemas: un total de 21 poemas.

Como es de conocimiento de muchos amigos, el fin último desde que inicié este trabajo es llegar a publicar la obra de Angelats en libro…

Espero que se valore este humilde esfuerzo, sin mezquindades, sin ninguneos, sin olvidos de por medio.

Friday, October 12, 2012

Simplemente Angelats

Un trilciano en Guadalupe

(Texto introductorio, por Robert Jara,  de la plaqueta de poesía del vate guadalupano /trilciano  Miguel Angelats Quiroz)

I

Miguel Angelats es un caso sui géneris, sin lugar a dudas, dentro de la breve tradición literaria de Guadalupe. Por conversaciones personales sostenidas con la mayoría de los escritores vivos de Guadalupe y de Trujillo descubrí con asombro que si bien muchos habían oído que Angelats era un poeta y un excelente orador, casi nadie lo había leído (ni oído), a excepción de los que lo conocieron en vida. Entonces, colegí que se le había concedido el título de poeta y orador por tradición, fe y gratitud, seguramente. Hasta hace un lustro yo había leído apenas el poema Huida de Angelats , el cual había sido publicado en la revista Runakay (1977, Nº 04); poema tomado, según nota aclaratoria de Runakay, de la revista Espigal (1959); poema que incluí en la plaqueta Poemalia (Ediciones Namul, 2007, pag. 18). Si este era el nivel de conocimiento que tenía sobre la obra poética de Angelats alguien comprometido con la literatura, huelga decir lo que sucedería con el nivel de conocimiento de las personas no comprometidas. Esto fundaría y ahondaría mi afán por conocer y difundir la obra de este poeta guadalupano. Y es en estos afanes que algunos escritores que conocieron a Angelats en persona me ofrecieron conseguir algunos datos biográficos, algunos poemas, algunos discursos del poeta guadalupano; pero apenas lograron confirmarme lo que ya había oído: era un buen poeta y un buen orador; así como también confirmarme que lo poco que Angelats había publicado en vida lo habría hecho en las páginas del diario Norte.

II

No fue, sino hasta hace un par de años, que pasando asistencia en un aula de la Universidad César Vallejo, me topé con el nombre Juan Angelats; fue imposible que el nombre de mi nuevo estudiante no me trajera a la memoria a Miguel Angelats y la deuda literaria que tengo con éste, por lo que ni bien terminé de pasar lista abordé a mi estudiante. Tras la pregunta de rigor −¿Conoces a Miguel Angelats?−, Juan me dijo que no sólo lo conocía, sino que Miguel Angelats era su tío; entonces le manifesté mi afán de conocer la vida y obra de su tío, y de inmediato me dijo que podría conectarme con su prima Helga Angelats , nada más ni nada menos, que hija de Miguel Angelats. Y así fue, como hace un par de meses, tras un diálogo extenso, aunque fragmentado y poco fluido a través de la Internet, Helga, yo y Juan, nos reunimos en persona. Hablamos largo y tendido, comiendo y bebiendo. En el fragor de la conversa Helga me confesó que algunos años atrás había recopilado (parte de) los poemas que su padre publicara en el diario Norte; pues se había propuesto publicar y difundir la obra de su padre, pero que motivos ajenos a su voluntad no se lo habían permitido. Tras convencerse –me lo confesó luego– de mis desinteresadas intenciones literarias, Helga finalmente dijo lo que yo había estado esperando por largo tiempo: Robert, el próximo sábado que voy a casa, te envío todos los poemas que he recopilado de mi padre. Helga, con el apoyo de su amigo Jorge Benites , se había tomado el trabajo de fotografiar, y luego tipear en digital, los poemas de Miguel Angelats publicados en el diario Norte . Salté en un pie, sin moverme de mi silla; se me iluminó el rostro: por fin leería otros poemas del poeta guadalupano, por fin tendría poemas (prácticamente) inéditos para publicar y difundir en Guadalupe (en particular) y en otros espacios geográficos.

III

Por días rogué que Helga no se desanimara y cumpliera su promesa: entregarme los textos de su padre. Pero luego, cuando ya tuve el sobre manila en mis manos, rogué porque los textos que yacían dentro fueran de tal factura poética que mi (búsqueda) espera (nza) valiera la pena. Un temor primitivo sustentado en la teoría de probabilidades mantenía viva la posibilidad más trágica: que la poesía de Angelats fuera un fiasco, digna de todo olvido. De haber sido así, ahí habría terminado mi interés por Angelats, ahí habría abandonado mi larga búsqueda; pues su guadalupanidad no hubiera bastado para derrumbar mi convicción a prueba de balas: lo guadalupano se apoya sí y sólo sí tiene valor (literario, en este caso). Para suerte mía y la de todos los guadalupanos, tras la primera lectura a vuelo de pájaro, me quedó una grata sensación en el pecho. Tras lecturas más sosegadas e íntimas se esfumó de mí todo temor primitivo, y me preparé a dar la bienvenida, con conocimiento de causa, ahora, a este nuevo poeta guadalupano. Me invadió un sentimiento de culpa descubrir que esta poesía de buena factura literaria permaneciera oculta bajo el polvo del olvido.

IV

Es importante aclarar que aunque Angelats publicara durante años en el diario Norte de Trujillo, y quizá lo hiciera, la lógica así lo dicta, en otros medios escritos contemporáneos, respecto a la publicación y difusión de su obra es, sin caer en arbitrariedades ni mezquindades, un poeta desconocido, un poeta nuevo, a pesar de contar desde siempre con el título de poeta (y de orador). En realidad lo mismo sucedía en Trujillo, por ejemplo, ciudad donde se asentó definitivamente, a excepción de algunos años que lo hizo en Lima.

Ya con un corpus literario, aunque breve, de Angelats en mano; ya con la certeza de que Angelats es un poeta guadalupano que merece ser (re)conocido por justicia literaria ─y no por chovinismo trasnochado─, sólo sería cuestión de tiempo el que su obra viera la luz negada por las décadas. Y así fue. Angelats es al poco tiempo incluido en la plaqueta Cuatro más (Ediciones Namul, julio de 2012) como uno de los cuatro nuevos poetas (re)insertados a la breve tradición literaria de Guadalupe (y del Perú). En Cuatro más se publican sólo 06 poemas , por cuestiones de espacio, de los 21 que componen el corpus (recopilado), como si de un avant premiere de Simplemente Angelats se tratara.

Simplemente Angelats aunque es el colofón lógico ─más factible─ del proceso de búsqueda, rescate y difusión de la obra de Angelats, no es el colofón ideal: la plaqueta debe necesariamente elevarse al libro; y el libro, necesariamente elevarse (ampliarse) hasta cubrir la obra completa del vate guadalupano. Es el colofón editorial, aunque humilde por su formato y tiraje, ambicioso por su finalidad.

Simplemente Angelats, es una plaqueta que reúne en un solo espacio textual, por vez primera, el corpus poético más amplio y ambicioso del poeta guadalupano: 21 poemas, que dispuestos en orden cronológico, según fecha de publicación, son:

01. Huida (1959) / 02. Crepuscular (Trujillo, 20 de diciembre de 1959) / 03. Mensaje de año nuevo (*) (Trujillo, 01 de enero de 1960) / 04. Presencia marina (*) (Trujillo, 28 febrero de 1960) / 05. Búsqueda de mi voz (Trujillo, 10 de abril de 1960) / 06. El principio (*) (Trujillo, 05 de junio de 1960) / 07. Te juramos, amauta (Trujillo, 28 de julio de 1960) / 08. Canto para acabar mañana (Trujillo, 18 de setiembre de 1960) / 09. Juguete primaveral (Trujillo, 23 de setiembre de 1960) / 10. Encuentro con la luz (*) (Trujillo, 27 de Noviembre de 1960) / 11. En su tránsito (Trujillo, 04 de junio de 1961) / 12. Mandato de las sombras y la luz (Trujillo, 28 de julio de 1961) / 13. Increpación nocturna (*) (Trujillo, 12 de noviembre de 1961) / 14. Palabras de esperanza (Trujillo, 13 de enero de 1962) / 15. Víctor Raúl (Trujillo, 22 de febrero de 1962) / 16. Gris (Trujillo, 08 de abril de 1962) / 17. Palabras del silencio (Trujillo, 18 de agosto de 1963) / 18. Palabras para el tiempo (Trujillo, 1963 ó 1964) / 19. Bohemia (Trujillo, 23 de febrero de 1964) / 20. Viaje a la sombra (*) (Trujillo, 12 de julio de 1964) / 21. ¡Búfalo! (Julio de 1979)

El poema 01 tiene como fuente primaria a la revista Espigal (1959); de donde es tomado y publicado por la revista literaria Runakay (1977, Nº 04); el poema me lo facilita el poeta Antonio Escobar el 2007. Los poemas del 02 al 20 tienen como fuente primaria a la Página Literaria del diario Norte de Trujillo, publicados entre 1959 −1965, y facilitados a mí por Helga Angelats el 2012. El poema 21 tiene como fuente primaria a la Revista ABC (1979, Año IV - Nº 61, julio 12 - julio 26); de donde es tomado por el blog Comando Universitario Aprista de la Universidad Nacional Federico Villarreal; el poema lo ubiqué en la Internet el 2012.

Los poemas de Simplemente Angelats han sido (re)ordenados atendiendo a su forma. De ahí que el poemario se divida en dos partes: la primera, Verso, que consta de los poemas en verso: 01, 02, 03, 04, 05, 08, 09, 10, 12, 13, 14, 16, 17, 18, 19, 20, 21; y la segunda, Prosa, que consta de los poemas en prosa: 06, 07, 11, 15.

V

Miguel Angelats perteneció al grupo literario Trilce, uno de los grupos literarios más importantes del norte del Perú; membresía, por cierto, sin parangón en la breve tradición literaria de Guadalupe. Se codeó, sólo por mencionar algunos nombres, con Teodoro Rivero-Ayllón, Juan Paredes Carbonell, Santiago Aguilar, Eduardo González Viaña, Eduardo Paz Esquerre, Jorge Díaz Herrera, Mercedes Ibáñez Rosazza, Gerardo de Gracia (+), Rogelio Gallardo (+), Manuel Ibáñez Rosazza (+), Juan Morillo Ganoza (+), Julio Garrido Malaver (+) (escritores); Gerardo Chávez, Manlio Holguín, Armando Reyes (+) (pintores); Cristóbal Campana (historiador); Walter Palacios Vinces, Juvenal Ñique, Horna, Víctor Raúl Haya de la Torre (+), Antenor Orrego (+) (políticos, periodistas, pensadores)... Su sola pertenencia a Trilce (y su cercanía a los miembros del grupo) bastaría, como viene sucediendo, para que el nombre de Miguel Angelats se cuele por las rendijas de la historia literaria de la región; pues sucede que sus colegas de letras como quienes estudian a Trilce no pueden evitar decir, ya sea por nostalgia, por coyuntura y/o por inercia históricas, lo buen poeta y excelente orador que era Miguel Angelats. Si bien esto asegura su permanencia en la historia literaria, más importante y justo sería que su permanencia fuera asegurada por la calidad estética de su obra; es decir, por un lugar ganado a pulso dentro del canon literario. Pero, lamentablemente, lo último sólo sería posible si se publica y difunde, en forma integral y sistemática, la obra del poeta guadalupano; he ahí el sentido exacto de este breve trabajo.

Resulta sintomático que Miguel Angelats, habiendo sido un miembro consuetudinario y activo del grupo literario Trilce, no publicara libro alguno en vida, así como el que tampoco Trilce lo hiciera a 14 años de su muerte, ya sea como un tributo a la amistad, un tributo al recuerdo, ya sea como un homenaje póstumo, ya sea como un gesto de justicia literaria. Quizá estoy endosándole, equívocamente, a Trilce una deuda espuria, que sólo cobra realidad desde mi condición de guadalupano; aunque yo esté convencido que dicha realidad se deba más bien al indiscutible valor literario e histórico que el grupo ostenta; valor que exige la difusión de la obra, no sólo de Miguel Angelats, sino de todos los autores inéditos y/o olvidados de Trilce. Contándole, hace poco, a Teodoro Rivero−Ayllón, principal promotor de Trilce, sobre el trabajo que vengo realizando con la obra del poeta guadalupano y la inminente publicación de Simplemente Angelats, emocionado me dijo: me parece muy bien, esa (la publicación) es una deuda que nosotros (Trilce) tenemos con Miguel.

VI

Dada la imposibilidad de acceder a los originales, debido a que el poeta (+) no ha dejado los originales (de puño y letra), para efectos de este trabajo, Runakay (poema 01), Diario Norte (poemas 02 al 20), Blog Comando Universitario Aprista de la Universidad Nacional Federico Villarreal (poema 21), fungen de fuentes primarias.

Esta imposibilidad, frustrante por cierto, nos priva de poder contrastar los poemas originales con los poemas fuentes; nos priva de poder discernir si los gazapos hallados son responsabilidad del poeta o de los editores; nos priva de poder saber si se tratan de simples errores de edición o de errores inherentes al proceso creativo del poeta.

Amparados en la buena fe, en la catadura poética de Miguel Angelats, y en mi criterio, se ha optado, para efectos del presente trabajo, por eliminar los gazapos. Se han realizado, además, leves ajustes ortográficos y de (signos de) puntuación. Los cambios (leves), en suma, son tales que no atentan contra el espíritu libre y creativo del poeta guadalupano.

VII

Todos los poemas a excepción del primero (Huida) y el último (¡Búfalo!), fueron publicados entre 1959 y 1964 ─19 poemas en 06 años / 03 poemas por año─ ¿Y la obra poética de Miguel Angelats producida entre 1965 y el año de su muerte (1998)? ¿Sería razonable suponer que en 34 años Angelats no habría escrito poesía, al menos al ritmo del periodo 1959−1964? Amparados en la dialéctica creativa y las matemáticas, lo razonable sería depositar la fe en los 102 poemas probables que esperan ser (re)descubiertos. Si a esto le sumamos el hecho de que el ritmo de creación siempre es superior al ritmo de publicación, y de que Angelats empezó a escribir (quizá) desde los 17 años, la cota inferior de poemas probables aquí calculada y propuesta no deja de ser un número realista. Esto justificaría los trabajos de investigación venideros sobre la obra literaria de este gran poeta guadalupano.

Miguel Angelats ha venido para sorprendernos y habitar definitivamente entre nosotros. He aquí su verbo intacto, poniendo las manos limpias en el fuego.